Bon Iver – Vistalegre, Madrid (28/10/12)

La mañana del 28 de Octubre nos levantamos en la capital con una bajada de temperaturas más bien propias del invierno. Casualidad o no, Justin Vernon y su banda de músicos tenían una cita en el Palacio Vistalegre para presentar su último álbum titulado como el propio grupo Bon Iver. Parecía como si se hubiesen traído el frío de Wisconsin para hacernos sentir como en la cabaña donde empezó su proyecto allá en 2007 con su debut “For Emma, Forever Ago”.

Teníamos muchas ganas de recibirles después de que visitaran nuestro país tanto Bilbao como Barcelona este verano. Y no decepcionaron, ni mucho menos. Pero empecemos por el principio. Los aledaños del Palacio Vistalegre estaban tomados por los jerseis y gorros de lana. Había mucho público extranjero. No hubo problemas para acceder al recinto y nos pudimos situar en pista, cerca de un escenario del que colgaban ¿telas de saco antiguas? Muy bucólico todo. El foso no era para nada extenso así que se agradecía la cercanía del escenario. Al principio sólo había tres micrófonos esperando a que un trio de hermanas procedentes de Watford (Inglaterra) se subieran al escenario a telonear a Bon Iver. Se llamaban The Staves y tocaban folk utilizando sus cálidas voces y apenas una guitarra acústica o un ukelele en alguna canción. Era la primera vez que visitaban nuestro país y nos agradecieron tímidamente que estuviésemos escuchándolas atentamente. Y es que el público se mostró muy respetuoso durante los tres cuartos de hora que duró su actuación. Al final se despidieron anunciando que el 12 de Noviembre saldría su nuevo disco y que estarían encantadas de volver a Madrid.

Una vez The Staves abandonaron el escenario comenzaron a traer los instrumentos y escenografía de Bon Iver. Farolillos verdes rodeaban a las baterías (dos), teclados, sintetizadores, trompetas, guitarras eléctricas, violines, xilófono… Parecía que allí no podría entrar nadie más. Y vaya si entraron. A las 9 en punto comenzaron a subir al escenario los integrantes de la banda junto a Justin Vernon. En total 9 músicos situados estratégicamente con sus instrumentos para dar comienzo el recital. Sí, abrieron con “Perth”, pero no la “Perth” que da comienzo a su álbum homónimo. Pareció como si la canción hubiese mutado para dejarnos a todos en shock, con una fuerza al final que me recordó a los momentos más explosivos de Sigur Rós o Arcade Fire. Una muestra de lo que sería el resto del concierto. Quien se esperase una sucesión de temas tranquilos y fríos estaba muy equivocado.

Cogimos aire, lo cogió Justin y se dispuso a cantar la segunda canción de la noche. Muy mal por parte de los técnicos de sonido que dejaron al cantante sin micrófono durante los primeros segundos de canción. En cualquier caso Justin ni se inmutó y siguió interpretando el tema con sus músicos. Cuando volvió la voz de Justin, “Minnesota, WI” y sus “Never gonna break” retumbaron por todo el estadio. La dulce “Michicant” hizo que todos nuestros músculos se relajaran para dejar paso a una de las canciones más conocidas de su segundo álbum, “Towers”. Los instrumentos de viento destacaron en este tema junto con los violines y los coros del público. Además el juego de luces de los farolillos y proyecciones en las telas colgantes hicieron del escenario una cueva con una acústica impensable. Aunque muchos dudábamos de la capacidad de Vistalegre para este evento en concreto, nadie se acordaba ya de que estábamos en una antigua plaza de toros.

El estribillo de “Creature Fear”, primera canción que tocaron de su primer álbum, fue demoledor. El final simplemente encumbró a Justin como estrella del folk-rock. Siguieron las melodías embaucadoras con las canciones “Hinnon, TX” y “Wash”, ambas de su segundo álbum y más calmadas que las anteriores. Las caras de felicidad en el público eran notables. Había armonía y conexión con la banda. Y llegó uno de los momentos más impresionantes de la noche. Los músicos abandonaron a Justin, que se quedó sólo en el escenario probando varios tonos de voz con ayuda de unos pedales. Oscuridad y en medio la figura del bueno de Vernon, apenas iluminado por dos luces blancas que acabaron siendo seis a medida que avanzaba el tema “Woods” con sus voces superpuestas.

Volvió la banda y con ella la mágica “Holocene”. Sin exagerar, pelos como escarpias entre el público y alguna lágrima que otra. Le siguieron “Blood Blank”, de su EP del año 2009 y a continuación la que puede ser la canción más famosa de Bon Iver, “Skinny Love”. Justin se armó con su guitarra acústica y el público con su voz para hacer vibrar el Palacio Vistalegre con los “My, my, my…”. “Calgary” y “Beth/Rest” precedieron al bis y completaron la lista de temas que tocaron de su segundo álbum. Justin recordó que era su primera actuación en Madrid y agradeció al público la asistencia.

A la vuelta del bis se nos pidió que coreáramos el “What might i have been lost” del tema “The Wolves (Act I and II)” y en ese momento, más si cabe, todo el estadio entró en comunión con la banda. Una imagen que se nos grabó a fuego y uno de los momentos más especiales que he vivido en un concierto. Al terminar, cuando ya no nos esperábamos más, la banda terminó la noche con el tema “For Emma”, de su primer álbum, quizás para recordar los inicios del grupo.

Quizás se echaron de menos temas como “Flume” o “Re: Stacks”, pero en definitiva fueron noventa minutos de concierto en los que quedó demostrado que un grupo de folk puede llenar estadios y transmitir las profundas sensaciones plasmadas en sus discos. Para terminar, los músicos se colocaron al frente para hacer las reverencias. En el centro, Justin levantó su Guiness con la mano como deseándonos a todos un buen invierno.

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