Mono – Joy Eslava, Madrid (21/02/13)

Tras un lógico cambio de sala (la Moby Dick se quedaba, a todas luces, pequeña) a la céntrica Joy Eslava, el cuarteto nipón Mono se pasaban por Madrid para presentarnos su reciente “For My Parents” (2012), quinto álbum de estudio sin, evidentemente, la Wordless Music Orchestra con la que grabaron este último y el directo “Holy Ground: NYC Live” (2010).

Lo primero que hay que decir de su actuación, y para mi sorpresa, es que no sólo no eché de menos ninguna orquesta para las nuevas composiciones, sino que, creo, suenan mejor sin ella, sin parafernalia sonora, menos producidas, simplemente ellos cuatro tal y como las concibieron, como ha ocurrido siempre y como son originadas en el estudio, desnudas. Así, el repaso al nuevo álbum, además de lógico, fue amplio, pero lo fue más aún el del anterior con el que alternaban el set, “Hymn To The Inmortal Wind” (2009), que tocaron casi en su totalidad con especial protagonismo al final del bolo. Del resto de su discografía, tan solo la intensa “Halcyon (Beautiful Days)” del “Walking Cloud And Deep Red Sky, Flag Fluttered And The Sun Shined” (2004), dato sorprendente, pues viene a confirmar lo acotado de su setlist para la gira en general, y el poco intercambio de canciones entre ésta y el citado y glorioso álbum de directo grabado en Nueva York en 2010.

Mono, en el escenario, presentan formación en rombo: el batería en el mediocentro a veces descansa, otras toca un xilófono, entretanto revienta caja y platos o al final acaba abusando de imponente gong; la bajista, de media punta, muchas veces se diluye entre tantísimo ruido buscando hueco y destacando en los tramos suaves o se va a la banda a tocar el piano; y en los extremos, sentados, los jugones de verdad, las estrellas del equipo (con sus peinados “visión túnel”). Takaakira Goto y Yoda, dos guitarristas de otro planeta que, sin necesidad de verlos en directo, uno ya se puede hacer una idea de qué palo van, es en concierto cuando aprecias que el peso de la banda recae, no sólo en su técnica, sino en cómo se apoya uno en el otro. La forma que tienen de alternarse para según qué canción, turnándose el peso melódico de la misma, es algo que no había visto nunca, y que si no se ve (se oye) en directo, jamás se podrá entender. Goto, haciendo más uso de pedales y de la armonía, a base de reventarse el brazo (seguro que lo tuvo que meter en hielo al finalizar), se encargaba del peso de la canción en general y del tono; mientras que Yoda, menos protagonista, pero sí más polivalente, era el arreglo perfecto a todo lo demás, con acompañamientos, punteos, acordes y riffs a todas las velocidades posibles.

Aun echando de menos alguna canción de “You Are There” (2006) y, sobre todo, de “Under The Pipal Tree” (2001), el recital de los japoneses fue tal, que no se le puede reprochar nada en absoluto, todo lo contrario, pues un directo de Mono, dentro del género, lo tiene todo: calma, tensión, intensidad, insultante técnica y, por encima de todo, un dominio del timbre que ninguna otra banda podrá igualar jamás. La sensación de que allí iba a pasar algo muy grande comenzó desde el primer subidón de decibelios en “Legend”, hacia el minuto uno, con la que abrieron. El resto del abusivo espectáculo, entre la piel de gallina, los ojos cerrados y el meneo constante de cabeza. Por último, hay que agradecer el generoso volumen que desprendían los altavoces de la sala, los cuales, realmente, nos dejaron sonados a los allí presentes. Si hay que perder oído, que sea con bandas como esta. Y si siguen viniendo a Madrid, seguiré encantado de quedarme sordo con ellos. Gloria.

Pd: lo único que eché de menos fue a mi compañero Jesús Marín a mi lado.

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