Crónica Sónar Barcelona 2016

Escribo esta crónica de la 23ª edición del festival Sónar con la sensación de haber acudido a la excelencia hecha festival. Mis dudas iniciales sobre acudir a un evento de esta magnitud (era la primera vez que asistía) donde priman los masivos conciertos de electrónica eran muchas. Mi sorpresa mayúscula es que Sónar es electrónica, fiesta y todos sus aderezos, pero también son conferencias inspiradoras, mercado de innovación tecnológica y experiencias inmersivas al margen de los conciertos de toda la vida.

A la estupenda organización del festival (la veteranía es un grado), desde la privilegiada localización del mismo (mucho mejor el Día que el de Noche) hasta la comodidad en general (pagos, check-in…), se le suma un exigente público entregado a la experimentación más bizarra así como al hedonismo cañero. Y sentirte por unos días parte de esta comunidad es una experiencia privilegiada para todo amante de la electrónica y la cultura digital.

Jueves: Brian Eno y la Madona Negra inauguran por todo lo alto

Comencé mi primera andadura por el festival visitando los espacios de Sónar + D, ese evento paralelo situado en el recinto de Sónar Día en el que se aglutinan conferencias, workshops, emprendimiento y un mercado para descubrir los proyectos relaccionados con la cultura digital más punteros. Después de dar una vuelta por el MarketLab y descubrir proyectos tan interesantes como Sonidos del Alma o el sintetizador Open Source Zynthian, asistí a la conferencia de Kate Crawford, en el que se habló de temas como la privacidad en el mundo TIC y la necesidad urgente de un código ético para el fenómeno Big Data. Para alguien apasionado en estos asuntos, es una delicia poder asistir a unas charlas con semejantes expertos traídos desde el mismo MIT.

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Kate Crawford en la conferencia “Vigilancia, arte y la nueva ética de los datos”

Reveladora fue sin duda la conferencia inaugural de Brian Eno, ese gurú de la electrónica con una carrera legendaria en la que, como bien dijo, ha intentado siempre “tomar el presente y modificarlo para empujarlo hacia delante y forjar el futuro” (en inglés esto tenía sentido, lo prometo). El humor con el que Brian acompañó su discurso ayudó a empatizar con el complejo entramado de argumentos que defendía. Entre otras cosas, atacó un sistema educativo basado en los resultados académicos, reivindicó un modelo de (r)evolución social basado en las clases populares trabajando de manera colaborativa y defendió la fusión de ciencia y cultura como catalizadores del progreso de la sociedad contemporánea. Al acabar, un auditorio repleto  ovacionó al músico como si no hubiese un mañana.

A continuación me dirigí al escenario Sónar Hall a comenzar mi periplo de conciertos con el ecuatoriano Nicola Cruz. A los que nos va esto de la electrónica paisajista (hola beGun) disfrutamos como niños con la presentación de “Prender El Alma”, ese edulcorado viaje al corazón de los Andes y al folklore popular del que bebe toda la música del artista. Terminado este, vuelta al auditorio a ver la marcianada del artista Martin Messier, que en su proyecto “FIELD” emitía luces y sonidos electrónicos a base de crear campos electromagnéticos con dos placas metálicas y unos cables que se enchufaban en las mismas (y yo pensando que ya nos podrían enseñar Telecomunicaciones así en la Universidad).

Si FKA Twigs está creando escuela, la holandesa Sevdaliza debe ser la alumna más aventajada en esto del R&B electrónico sensual con raíces orientales (Irán en su caso). Lo demostró bien en el SónarDome con una actuación en la que subió la temperatura del personal con una confiada voz y coqueteando con el rap… hay que seguirla de cerca. Al salir al Sónar Village allí estaba la todopoderosa Marea Stamper a.k.a. The Black Madonna poniendo todo patas arriba. Mi último encuentro con la Df residente del mítico Smart Bar de Chicago fue en el pasado Villamanuela, y todavía me acuerdo de la que lió en ese garito de mala muerte de la Calle Valverde. Lo suyo es hacerte bailar hasta que te desmayes, con un techno que sólo baja de revoluciones para resucitarte con algún sample irresistible para darte oxígeno. Sin duda, se sabe la reina feminista y queer del cotarro underground y lo demuestra con su entrañable personalidad a los platos. Yo pido que le pongan ya una carroza en el Orgullo. Para terminar la primera jornada me fui a descubrir a David August (con banda) en el escenario más elegante del festival. Pensar que este chaval tiene mi edad y ese vagaje musical me hace sentir envidia de la buena. Esa manera de mezclar los mundos analógico y digital me flipa, si además los paisajes sonoros que crea te hacen levitar de esa manera, puedo decir claramente que fue mi revelación del festival y borró de mi cabeza la ausencia de Nicolas Jaar.

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Black Madonna transmitiendo la esencia del Smartbar Club de Chicago

Viernes: la reivindicación LGBT toma el Sónar

La segunda jornada del Sónar ya contaba con actuaciones en ambas Firas (Sónar Día y Sónar Noche). En la primera de ellas, El Guincho fue la primera actuación que congregó a la primera avanzadilla de festivaleros. Venían a presentar el poliédrico “Hiperasia” y la verdad que el resultado fue bastante notable teniendo en cuenta el cúmulo de catastróficas desdichas que le asolaron al pobre Pablo Díaz y compañía; problemas de sonido, un horario criminal y un final pasado por agua… Entre los highlights del concierto, cómo no, su temazo “Bombay” y esa efectiva interpretación de “Cómix” en la que sorprendentemente cantaba uno de los componentes de la banda y miembro de Extraperlo en vez de la Mala Rodríguez.

El Guincho Sónar

El Guincho en el escenario Sónar Village

Más tarde, en el mismo escenario Village, Las Hermanas o proyecto personal del colombiano Diego Cuéllar reivindicó de nuevo la interesante escena latinoamericana que mezcla electrónica con sonidos tradicionales. En este caso eran samples venidos del pasado los que daban hilo a unas atmósferas cinematográficas muy envolventes. Sin duda otro de los grandes descubrimientos latinos de esta edición.

Mi primera vez viendo al Niño de Elche (y Los Voluble) fue algo así como una revelación. A estas alturas de la película hay pocas cosas que me puedan sorprender de esta manera. Lo suyo fue una performance-rave-tablaoflamenco-concierto en la que toda reivindicación política tenía cabida. La cosa comenzó con más de doscientos “El miedo como zona protegida por el miedo” cantados por el Niño y acompañado por unos agresivos sonidos electrónicos. A su vez, los visuales mostraban imágenes de las vallas de Ceuta y planos de la Guardia Civil. La cosa prometía ser cero accesible pero poco a poco se fue tornando más bailable, con algunas incursiones de flamenco. Lo que todo empezó como puro estupor acabó convirtiéndose en una fiesta en la que todo el mundo se levantó de la butaca del auditorio para bailar al ritmo de reivindicaciones LGTB.

Para no perder el ritmo orgulloso de la jornada acudí a ver a John Grant en el escenario Hall. Su concierto fue lo menos “Sónar” de todo el festival por su propuesta de pop electrónico alternando balada al piano y canción más rockera. Lo más curioso sin duda fue su legión de musculados seguidores que coreaban las letras (“Dissapointing”, “GMF”) cual fans de Chenoa. No sé en qué momento me perdí el tirón de este señor entre la comunidad gay pero no me extrañaría verlo pronto en una carroza del Orgullo (un b2b con la Black Madonna se me ocurre). Lo digo también por los bailes que se pegaba. Me quedo con el final por todo lo alto con “Voodo Doll”.

Ya en el Sónar Noche, ANOHNI intentó acabar con la paciencia de todos los que estábamos esperando con ansia este concierto. Empezó con media hora de retraso durante la cual pudimos ver en las pantallas los resultados de Naomi Campbell y sus clases de contorsionismo (sacados del videoclip de “Drone Bomb Me”). Finalmente salieron a escena Lopatin (Oneohtrix Point Never) y Hudson Mohawke junto con ANOHNI para desgranar todo el “HOPELESSNESS”. Entre que no se le veía la cara porque iba tapada, sus paseos por el escenario parecían aleatorios y sin ningún tipo de sentido y que en ningún momento interactuó con el público, la sensación fue un poco agridulce. La voz espectacular sí, y el sonido también bueno (aunque no sé cuánto de lo que sonaba ya venía de fábrica…) pero lo más destacable sin duda fueron los visuales que mostraban rostros femeninos haciendo playback de las canciones. Esto eclipsó todo lo demás…

Lo de James Blake ya supera cualquier expectativa. Yo acudía al Sónar Club (un hangar enorme con cero encanto) con muchas dudas sobre cómo la propuesta del inglés iba a cuadrar ahí donde minutos antes Kode9 repartía un techno muy agresivo. Pues bien, fue empezar a sonar “Life Round Here” y el público comenzó a entrar en sintonía con la magia soul del inglés. Durante la hora y pico de concierto sonaron temas de todos sus discos y EPs, algunos de ellos prolongados hasta alcanzar el clímax propio de una rave (“Voyeur”). En un momento James dijo “Todo lo que estáis escuchando lo estamos tocando”, y lo cierto es que es muy difícil conseguir ya no sólo eso sino crear esa delgada línea que separa el concierto introspectivo y sensual con la fiesta dubstep al minuto siguiente. Claro ganador de la jornada y muy bien defendida su propuesta en un festival así, en un escenario así y en un horario así. Un genio con mil y una facetas, a cada cuál mejor.

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James Blake y su banda en el escenario Sónar Club

Sábado: la tormenta apocalíptica y la de Oneohtrix Point Never

Aunque no sea muy veterano en esto del Sónar, sí que tengo cierta trayectoria en festivales como para saber que la última jornada siempre se comienza echando un órdago. En este caso era echarlo en el Sónar Día o en el Noche. Después de dos festivales consecutivos en ciudades donde no resido (hola NOS Primavera Sound, moito obrigado), tenía muy claro que mi aguante iba a ser ínfimo (lo de ser abstemio tampoco ayuda) así que opté por madrugón y café para aprovechar Sónar Día al máximo.

En mi caso, lo que disfruté el inicio del Sónar Día no lo sabe nadie. Bueno sí, los cuatro gatos (sin drones de por medio) que estaban viéndome bailar como un poseso en el Village con los griegos Tendts. A mi dadme electrónica con melodías preciosistas, un césped (artificial) limpito y el sol y la brisa mediterránea para gozarlo como nadie. Todo ello lo acompañaron perfectamente este par de hermanos y a continuación el también griego Ison (un portento de la electrónica en el país heleno y fundador del festival Reworks de Tesalónica). Estos conciertos venían comisariados por la organización cultural We Are Europe, que reúne a festivales europeos de carácter similar al Sónar para promocionar la cultura y a través de ella reforzar el sentimiento europeo.

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Los griegos Tendts comisariados por la promotora We Are Europe

Otro de los momentos del día por los que agradecí el madrugón fue ver la presentación en primicia del proyecto colaborativo de Wooky y bRUNA y, sobre todo, descubrir el trabajo de la artista Alba G. Corral y su obra visual (bravo Sónar por apostar por gente así). A la electrónica experimental del dúo barcelonés le acompañaron unos visuales extraordinarios que nos mantuvieron con la baba cayendo a pesar de los problemas técnicos en un par de ocasiones. Y es que a los que conocemos el trabajo que hay detrás para crear unos visuales así nos asombra ver estos resultados tan apabullantes. Sigue así Alba porque no conozco un creative coder con tanto talento en España.

Uno quería acercarse a dar una vuelta final al Marketlab y lo que me encontré fue el apocalipsis en forma de monzón tropical encima del Sónar Village. Gente agolpada debajo de los techos del recinto y la típica panda de guiris nórdicos bailando como quien oye llover (y tronar, y relanpaguear…). Fue el momento ideal para acudir a la exposición Earthworks de Sónar Planta a resguarecerse y echarse una cabezada con esos sonidos guturales terrenales y visuales psicodélicos (la movida pretendía visualizar los cambios geológicos del planeta).

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Exposición Earthworks en Sónar Planta

Unos minutos más tarde, viendo a Oneohtrix Point Never en el escenario “David Lynch” ya se me había olvidado todo el rollo de la tormenta de fuera. Lo de Lopatin no tiene nombre, ni género, ni melodía, ni disonancia, ni concordancia. Nada tiene sentido y a la vez todo fluye como si su música fuese una pieza clave en el prisma de la electrónica. A su voz taladrada y alienígena se sumaba un guitarrista y un par de pantallas a cada lado que, entre otras cosas, proyectaron imágenes de exhumaciones, plastilinas putrefactas y dormitorios dantescos. Todo ello acopañado de, por supuesto, sus temas atronadores en forma lumínica y sonora (“Sticky Drama” casi nos tira al suelo). La experiencia más desagradable y exigente del Sónar de largo y no por ello menos necesaria acabó con unos créditos que evidenciaron a Lopatin como el friki que es.

Una vez acabaron todas las tormentas del día era momento de buscar el baile a toda costa y dejar liberar una mente estrujada con tanto estímulo marciano. En el Sónar Village volvía a brillar el sol y la fiesta de la camiseta mojada pasó a ser la del exhibicionismo musculado. En el escenario, TroyBoi estaba haciendo gozar al personal de lo lindo con una actuación más que efectiva. Habría que haberlo visto si le llega a pillar el tormentón…

Mi primer Sónar acabó con la actuación de New Order en el Sónar Noche. Muy a mi pesar no me daba la vida para siete horas de Laurent Garnier ni los raps de Spekta. Pero mi sensación final fue la de placer absoluto. Si bien no soy muy fan de New Order, poder haberlos visto en directo con un nuevo disco y con fuerzas renovadas (la última vez en Sónar estuvieron fatal al parecer) fue una gozada. Tienen temazos y bailar “Blue Monday” y “Bizarre Love Triangle” son de esas cosas en la vida que hay que hacer y tachar de la lista. Para más tralla, cerraron con “Love Will Tear Us Apart” y unos visuales que reivindicaron la figura de Ian Curtis y en general de Joy Division. Si este no es el cierre perfecto para un festival ¿cuál es? Salí del recinto cuando la gente se agolpaba para entrar pensando, el año que viene intentaré cerrar este maldito pabellón.

New Order levantando al público con Blue Monday

New Order levantando al público con Blue Monday

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