DCODE Festival 2014, Madrid (13/09/14)

Cuarta edición del festival madrileño DCODE, en las mismas instalaciones y repitiendo la idea de único día para su celebración, como en 2013. En esta ocasión, los platos fuertes del cartel correspondían a Beck, La Roux, Jake Bugg y CHVRCHES en lo internacional y Vetusta Morla y Russian Red representando al pop patrio.

Son muchas cosas las criticables en un festival algo arisco para con su público. El mero hecho de no tener la posibilidad de salir del recinto (a no ser que quieras comprar otra entrada al volver) y mantenernos “encerrados” consumiendo exclusivamente lo que allí proponían (la oferta era amplia, eso sí) a precios, como siempre, discutibles, es casi un atentado a la razón. Pero bueno, para eso ya hicimos un reportaje hablando de ese tipo de cosas. Aquí nos centraremos exclusivamente en lo musical.

Tirando de oficio, sobre todo el necesario a esas diabólicas horas de sol, Band Of Skulls hacían lo que podían, muy dignamente, con un aún reducido público. Llegar antes para ver a Perro o Belako se nos antojó impensable. Una pena, pues los vascos tienen un directazo.

Después de ver a Anna Calvi en el teatro Lara en diciembre me tomé con calma su –siempre- correcto concierto desde la distancia (sombra), sabiendo que era imposible mejorar lo de aquella ocasión, así que me acerqué a ver qué tal Francisca Valenzuela. Y la clon de Javiera Mena se desenvuelve con desparpajo y gracia, sobre todo cuando tiende a la diversión electro-pop que primó hacia el final. Queda pendiente.

Bombay Bicycle Club consiguieron hacer olvidar al respetable del calor con sus frescas canciones y su entusiasmo, y no será por el atuendo que gastaban, todos con camisas negras de manga larga y pantalones ceñidos. A mí no me dicen nada, pero conectan con el público, ya con ganas de bailar.

Y ya con las pilas cargadas llegó el momento de obviar a Lourdes Hernández en uno de los escenarios grandes, porque compartía horario con la bestia parda del festival. Royal Blood, programados en el escenario pequeño, aparte de ser la sensación del momento, justifican ellos solos la asistencia a un festival como este, pues los precios de los conciertos de su gira valen la mitad de lo que valía el abono del DCODE. El recital que dieron en una media hora fue tal, que, sólo cuando acabaron, te dabas cuenta que seguía la rusa cantando allá en la lejanía con, supuestamente, el triple de decibelios. No son No Age, ni Japandroids, ni siquiera The Black Keys… son unos Queens Of The Stone Age a los que les sobran 3 músicos. Impresionante de verdad.

Después de semejante recital, Jake Bugg se tuvo que emplear a fondo para ganarse a un público algo engañado por Radio3, donde le dan demasiado bombo a un crío que, siendo un fenómeno, aún no es Bob Dylan. Así que tranquilidad. Se defiende como nadie, pero no nos volvamos locos.

Y claro, luego llegaba Beck a presentar su nuevo y especialmente tranquilo “Morning Phase”, haciendo pensar seriamente si el orden de la programación era el correcto o no. El californiano nos engañó a todos y despejó las dudas, pues la puesta en escena (ocho músicos en total) fue intencionadamente rock and roll, abriendo con tres bombas como “Devil’s Haircut”, “Black Tambourine” y “Loser”, casi nada. El DCODE patas arriba en un solo cuarto de hora. Hubo tiempo para su nuevo disco, claro, hacia la mitad y juntando alguna canción del “Sea Change” (2002) más alguna versión en el típico tramo-interludio. Todos dedujimos allí que eso volvería a remontar hacia el rock. Y vaya si lo hizo. Todos coreando “E-Pro” antes del bis, cuando el propio artista “cerró” el escenario con una cinta policial de Crime Scene Do Not Cross, bailando el funk de la sensacional “Sexx Laws” y, sobre todo, flipando con el escenón que se marcaron para presentar a los músicos a la vez que interpretaban “Where It’s At”. Se echaron de menos algunas canciones (“The New Pollution” por dios), pero que el concierto empiece y acabe con “Odelay” (1996) es otro punto a su favor. Grandísimo, señor Beck. Y muy inesperado.

Hacia le medianoche actuaban, y jugando en casa, los sabidos cabezas de cartel estatales allá donde vayan, Vetusta Morla. Y lo hacían sin competencia, pues no había música en los otros dos escenarios. Abrieron con la (para mi gusto) mejor canción que han hecho jamás, la que da nombre al nuevo disco que llevan meses presentando, “La Deriva”, disco del cual dieron buena cuenta en algo más de una hora de concierto. El resto ya nos lo conocemos todos, singles coreables, aspavientos de un Pucho pletórico y el anuncio de que en mayo estarán en el Palacio de Deportes de Madrid para cerrar la gira y no repetir esas cinco noches seguidas en la limitada La Riviera. Han dado el salto.

Tras los madrileños existían dos opciones: La Roux o Wild Beasts. Fuimos pocos los que nos decidimos por la segunda, pero bien que lo disfrutamos pese a que, esta vez sí, y debido a la sensible propuesta de los británicos, el sonido que llegaba desde el escenario grande molestaba. Volvimos a confirmar que el orden de los conciertos, o la disposición de los escenarios, no fue la correcta. Para empezar, porque Wild Beasts bien pegan a una hora más temprana, y para terminar, porque no es de recibo menospreciar la calidad de una banda que merece atención y silencio. Aun así, la comunión que allí existió entre (poco) público y banda fue tal que conseguimos olvidarnos del resto, disfrutando del gran repaso que le dieron a su nuevo Present Tense, así como al buen resumen de sus tres álbumes anteriores. Especiales y delicados en estudio y en directo. Uno de los grandes conciertos de la noche. Así y todo, me dio tiempo a disfrutar de uno de los más sonados singles de la británica, “Bulletproof” con la que cerró lo que parecía una electro-fiesta.

Lo que sí tuvo sentido fue programar a CHVRCHES detrás. El adorable trío escocés se deja querer allá donde va con su synth-pop de categoría. Dan hasta un poquito de asco de lo bonicos que son y lo bien que consiguen sonar hasta en un escenario grande. Cierto es que no fue tan orgásmico como en el memorable concierto del pasado Primavera Sound, pero supieron ganarse al público desde una “We Sink” a la que le faltó volumen, pero que supieron arreglar desde la siguiente, “Lies”, hasta el cierre con “The Mother We Share”, el éxtasis. Momento especial el que se marcó uno de los teclistas en “Under The Tide” y sus bailes ridículos. Hasta tocaron “Tether”, la joya de la corona. Sobresalientes.

Con semejante buen sabor de boca, y con el cansancio acumulado, pocas fuerzas quedaban para pegar botes en Digitalism, así que nos sirvieron de banda sonora a nuestro alejamiento del recinto.

El DCODE tiene defectos, como todos los festivales, pero también tiene unas virtudes (el sonido es cojonudo en general) que lo convierten en referencia en el plantel de festivales nacionales. Una pena que pierda asistentes a cada año. Si hay DCODE 2015, yo repito.

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