M83, La Riviera, Madrid (10/03/12)

Para el que no los haya visto nunca, ¿cómo crees que es un concierto de M83? El que espere una gala medianamente íntima, con mucha delicadeza dreampop, ramalazos shoegaze y algún que otro subidón electrónico (así es como definiría al proyecto de Anthony Gonzalez) va muy, pero que muy desencaminado. Por el contrario, quien confíe en un espectáculo enteramente disco, subidas y nada más que subidas constantes, se va a quedar muy cerca. Sorpresa: M83 = fiesta.

Como no podía ser de otra forma, “Intro” abrió el setlist con una Morgan Kibby que, aun sin el vozarrón de Zola Jesus, nos puso a todos mirando hacia la famosa careta de un líder muy metido en el papel. Es todo lo que podemos decir de una escenografía casi nula, donde las parafernalias del espectáculo las dejaron para (ouch) el sonido. Por supuesto, “Midnight City” no iba a continuar tal y como lo hace el tan celebrado nuevo disco, por el cual están de gira. Rescatando temazos de discos anteriores nos dejaron bien claro que el éxito de esta banda no se limita a que con Hurry Up, We’re Dreaming (2011 y, para un servidor, 3º mejor disco del año) hayan encontrado la fórmula. Así, “Teen Angst” y “Graveyard Girl” precedieron al tema más party del nuevo, “Reunion”, en un espectacular comienzo de concierto que nos hizo a todos esperar nada más que lo mejor. Esto iba a toda hostia.

¿Y qué cojones pasó después? ¿Por qué ir de más a menos teniendo tantos ases en la manga? ¿Por qué no tocaron “OK Pal”?

Todo lo que vino a continuación, y siguiendo con el buen sonido de una sala que en este sentido es una lotería (hubo suerte), fue una tendencia hacia el subidón más propia de The Chemical Brothers o los paisanos Daft Punk. Canciones ya no sólo vitaminadas, sino en parte, prostituidas al party-time de lo que podría ser la madrugada de un festival veraniego, poniendo al público a la espera de una filigrana cada vez mayor en cada canción. La sensación de que ahí pasaba algo raro se acentuaba cuando veías a un guitarrista al que no se le oía, a una teclista (la misma Morgan) que no sabías qué hacía cuando no cantaba, cuando todos ellos tenían maquinitas al lado y, sobre todo, cuando veías a un notas detrás de todos ellos con (ojo, los contamos) 7 portátiles en serie. No es una crítica, es sólo que me parece sospechoso. Si es un concierto de música electrónica me callo, pero no te vayas de gira con tres músicos más porque no hacen falta. Eso sí, la batería, aunque de aspecto normal, acústico, sonaba electrónica gracias a no sé qué método que me dejó boquiabierto.

Mucha tecnología y regustillo a trampa en un concierto que, siendo justos, llegó a cotas muy altas gracias a canciones como “Year One, One UFO” y “Steve McQueen”, pese a la ausencia de confeti, globos o implicación con el público en un single, la que fuera canción del año, que no se hizo de rogar. Se despidieron, ya en el bis, con una electro-versión de “Couleurs” por la que merecería la pena un EP sólo para ella.

Bien, pero…

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