Optimus Alive 2013

El festival lisboeta Optimus Alive se celebró los días 12, 13 y 14 de julio en el Paseo Marítimo de Algés. A pesar de no salir el sol en ningún momento de los tres días, esto no ensombreció lo que fue un festival con mayúsculas. Cuando uno ya tiene una cierta perspectiva de festivales, los clasifica en repetibles o no repetibles. Éste pertenece sin duda alguna a la primera categoría.

Viernes 12 de julio

En cuanto a lo ajeno a los conciertos, Portugal sabe organizar festivales como dios manda. Desde la acreditación del primer día (no llegó a la hora de espera en plena hora punta de llegada) hasta la disposición de las barras y puestos de comida. Todo en el festival estaba pensado para el disfrute sin agobios. Incluso los baños, que según fuentes de información femeninas declaraban que eran de lo mejor que habían pisado.Pero como lo que interesa son los conciertos, empecemos a analizar las jornadas por la calidad musical de los mismos.

El primer día lo comencé en el Palco Optimus Clubbing, uno de los tres grandes del festival y que contaba con el grueso de las actuaciones electrónicas. A las 17:50 Gold Panda dio comienzo su live y consiguió levantar a todo el público sentado en el césped artificial, que no es poco. La hora no beneficiaba nada una propuesta así, pero Gold Panda encadenó temas de todos sus discos alcanzando el clímax con “Brazil”, de su reciente “Half Of Where You Live”.

Lo poco que vi de Biffy Clyro, ya en el Palco Optimus, me sorprendió gratamente. No esperaba mucho de la banda escocesa pero en directo tienen una fuerza que no se recoge en sus álbums de estudio. Si a eso se le suma el carisma de su frontman Simon Neil, encontramos un concierto de típica banda “llena-estadios” con momentos muy épicos como fueron “Biblical” o “Bubbles”.

Corriendo me fui al Palco Heineken, segundo en tamaño, a ver al dúo Japandroids. Tenía muchas ganas de este directo, tantos vídeos vistos en Youtube del grupo canadiense auguraban una descarga de adrenalina importante. Además, su último disco “Celebration Rock” contaba con un buen número de temazos para el directo como “Fire’s Highway”. Desde los inicios con “Adrenaline Nightsift” el público ya se vino arriba y comenzaron los pogos que durarían todo el concierto. Cuando hube terminado mi cerveza allí que me metí, y el concierto alcanzó una epicidad enorme. Saltos, golpes, cervezas volando y caras de felicidad gritando los “Oh Oh Oh Oh Oh Oooh Oooh” de “The House That Heaven Built” es algo que hay que vivir al menos una vez en la vida. A pesar de la dificultad de presenciar qué ocurría en el escenario, al final sí que vi a Brian King subido encima de la batería de su compañero David Prowse para despedirse con “For The Love of Ivy”.

La hora en que Two Door Cinema Club tocó la aproveché para recuperar fuerzas. Un rápido vistazo al Palco Optimus me demostró una vez más que son divertidos en directo pero ya. Tras ello, me dirigí a ver a Edward Sharpe and The Magnetic Zeros, más por coger sitio para Vampire Weekend que otra cosa. Cuanto menos desconcertante este concierto, empezando por un público entregadísimo que en ocasiones parecía el de Green Day en vez de el de una banda de folk. Gran cantidad de músicos en el escenario que rotaban por los diferentes instrumentos y hacían bromas cuyo significado sólo estaba al alcance de los fans más acérrimos. El cantante, a mi parecer pedante y exagerado, acabó avalanzándose a las masas como si de Alice Glass se tratase. Cuando llegó el momento de “Home”, su tema más conocido, se desató la locura más si cabe.

El plato fuerte de la jornada para mí eran sin duda Vampire Weekend. Después de su espectacular tercer disco, “Modern Vampires of The City”, no cabía duda de que el divertido directo de los neoyorquinos haría reventar la carpa del Palco Heineken. Abrieron con “Cousins” y repasaron lo más destacado de sus dos primeros discos: “Cape Cod Kwassa Kwassa”, “Holiday” o “A-Punk” nos hicieron bailar como nadie. Pero la gracia de este concierto era ver cómo sonaban en directo esos nuevos temas que van desde la calma de “Step” hasta la agitada locura de “Diane Young”. Tan sólo falló, en mi opinión, la interpretación de “Ya Hey” y sus coros protagonizados por el bajista Chris Baio, que hicieron de la canción una versión descafeinada y con falta de gracia. Por lo demás, Ezra y los suyos, agradecidos con el vibrante público portugués, protagonizaron uno de los conciertos más memorables del festival.

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Para terminar la jornada, Crystal Fighters hicieron lo que mejor se les da, un directo acorde para cerrar una jornada festivalera. Sebastián, con moño y gafas de mercadillo rojas, apareció en el escenario seguido de sus compañeros para lanzarnos los hits que les han encumbrado como grupo festivo por excelencia. Desde “I Love London” hasta “Champion Sound” pasando por “At Home”. De su nuevo disco, “Cave Rave”, no faltaron tampoco los singles “Wave”, “You & I” o “Love Natural”. Fue tal la diversión que cuando acabó el concierto tuve la sensación de que había durado diez minutos.

Gran jornada del festival lisboeta a la que sólo se le puede achacar los solapes con los conciertos del Palco Optimus Clubbing donde Disclosure, Jessie Ware y AlunaGeorge tuvieron que petarlo.

Sábado 13 de julio

A pesar de que muchos la calificaran como la jornada floja del Optimus Alive (Icona Pop canceló), la del sábado nos dejó un buen puñado de directos de los grupos de la parte media-baja del cartel. Al margen de los cabezas del día (Editors y Depeche Mode), en esta jornada reinó el R&B y la electrónica, que se extendió ya no sólo por el Palco Clubbing sino por todos los escenarios.

Empecé en el Palco Heineken con los neoyorquinos DIIV, grupo resbaladizo en Europa que canceló en la anterior edición del Primavera Sound para disgusto de muchos. Con sólo un disco de estudio, “Oshin”, el proyecto musical de Zachary Cole Smith brilla más si cabe en el directo. Desgranaron “Oshin” con una potencia mayor a la del álbum sonando espectaculares en algunos cortes como “How Long Have You Known”. Presentaron alguna canción nueva y se metieron con Green Day haciendo referencia a ellos con “They suck”, metiéndose en el bolsillo a más de uno.

El resto de la tarde quedó para la batalla por la mejor voz del festival. Los participantes fueron por un lado How To Dress Well y por otro Rhye. Los primeros defendieron su R&B en el Palco Clubbing (mal organización, mal) y a pesar de los lamentos de Tom Krell por el ruido que venía del escenario principal, esto no impidió que nos sumergiéramos de lleno en los temones del emocionante “Total Loss”. Con un acompañante que se pasaba de los teclados y sintes al violín, la voz de Tom llenó el escenario electrónico por excelencia y nos puso los pelos de punta en más de una ocasión.

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Por otro lado, Rhye salió al escenario compuesto por un buen número de músicos de viento y cuerda y con Michael Milosh al frente para interpretar magistralmente lo mejor del aclamado “Woman”. A pesar de que sonaba espectacular, el concierto llegó a resultar un poco pesado a ratos. Al poco de comenzar interpretaron “The Fall”, consiguiendo darle un poco de oxígeno al concierto, algo que repitieron más adelante con “Open”. Diremos que quizá un festival no sea el mejor lugar para presenciar una propuesta así.

Los conciertos tanto de Editors como de Depeche Mode no los presencié lo suficiente como para hacer una valoración algo objetiva. Sólo diré que abandoné el segundo a los veinte minutos de empezar por miedo a caer rendido de sueño. En cualquier caso, decidí apostar por Jamie Lidell en el escenario Heineken. Cuán grata fue mi sorpresa cuando descubrí que allí se estaba liando una divertida fiesta a base de R&B y dance. Enchufadísimo desde los inicios, Jamie supo calentar a un público que ya estaba pensando en el DJ set de 2ManyDjs o en el concierto de Crystal Castles. Mayor presencia de los temas electrónicos de su último disco que de sus relajados cortes R&B, algo que se agradeció de cara a levantar una jornada demasiado tranquila hasta el momento.

El resto de la jornada estaba vendido a la electrónica de los hermanos Dewaele, que cerraron el Palco Optimus a base de hits de la talla de “White Noise” o del “The Bay” de Metronomy, y del dúo canadiense formado por Alice Glass y Ethan Kath.

Ya en una ocasión hice una crónica de un concierto de Crystal Castles poniéndolo por las nubes, esquivando hablar de si técnicamente es un buen concierto o no, de si Alice canta o no canta, etc. A este concierto se viene a otra cosa, a disfrutar del momento y olvidarse de todo lo demás. Es caos, furia y adrenalina, todo muy acorde a la música de sus protagonistas. Mientras Ethan tomaba los mandos de su despliegue electrónico, Alice salió al escenario con botella de Jack Daniel’s en mano, arrodillándose en el centro del mismo cubriéndose la cabeza con sus brazos. Acompañados por el batería ya oficial de la gira, sonaron temas de sus tres discos (no tanto del III como me gustaría), comenzando curiosamente por “Vietnam” y continuando con “Plague”. Cuando comenzaron las notas electrónicas y lamentos de Alice en “Baptism” los fans ya estábamos al 100%, intentando llegar a las primeras filas donde se abalanzaría Alice de un momento a otro. Como si de fuerza magnética se tratara, tocar alguna parte de la canadiense se convertía en el objetivo de la noche, eso y seguir bailando (saltando) himnos atemporales como “Crimewave” o “Alice Practice”. Las revoluciones sólo bajaron en dos ocasiones con las más sosegadas “Celestica” o la desgarradora “Not In Love”. Hubo también alguna provocación más por parte de Alice tirando el micro al público o yéndose a la parte derecha del escenario para comerle la boca al que suponemos será su novio. Después de todo el teatro y un breve bis, CC acabaron la noche con la no editada cover “Yes No” para abandonar el escenario sin decir ni “mu” como acostumbran. El escenario Heineken bajó el telón para cerrar una segunda jornada que acabó oliendo a sangre y sudor.

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(Foto Crystal Castles de Tom Martin/NME)

Domingo 14 de julio

La última jornada del Optimus Alive fue la de los agobios y carreras entre escenarios. He de decir que aquí la organización no estuvo muy afinada con los horarios, solapando todos los grupos y dejando el Palco Clubbing con una oferta mucho menos atractiva que la de los días anteriores (en el primer día había demasiada chicha).

Los británicos Tribes, otra de esas bandas apadrinadas por la NME, defendió su segundo disco en el Palco Heineken. Correctos, enérgicos y con un par de filas de público entregadas con sus canciones. Cuando terminaron acudí al Palco Optimus para ver a Jake Bugg presentar su disco debut. Por muy bien que cante este chico y por muy bien que toque la guitarra, un escenario principal se le sigue quedando grande. Eso y la desafortunada labor de tocar antes de Tame Impala, lo más esperado de la jornada, no ayudó a que el concierto agradase como debería.

Lleno casi absoluto en el Palco Heineken para ver a los últimos embajadores del folk islandés, Of Monsters And Men. A estas alturas de la película, uno podría pensar que este grupo se debe a su tema “Little Talks”, que tanto caló en EE.UU. y que al igual que el “Ho Hey” de The Lumineers ya es un éxito internacional que está hasta en la sopa. Pero los islandeses demostraron que no sólo cuentan con un hit pasajero, tienen un álbum firme y lleno de canciones coreables que ganan mucho en directo. Nueve de los doce temas de su único disco “My Head Is An Animal” interpretaron la banda de músicos que acompañan a la adorable Nanna Bryndís y a Ragnar (aka Samwell Tarly). Abrieron con “Dirty Paws” con sus tímidos “hey” y para cuando sonó “Mountain Sound” el público ya estaba totalmente entregado haciendo los coros. La locura vino, como era de esperar, con “Little Talks”, en la cual participó una trompetista que engrandeció más aún la canción. “Beneath My Bed” fue la única canción que tocaron que no está incluida en su disco debut. Muy buen sabor de boca nos dejó y esperemos que aparezca en su segundo disco más pronto que tarde. Para acabar, y casi sin darnos cuenta, “Six Weeks” nos puso una sonrisa en la boca y nos dejó la conciencia tranquila de saber que no habíamos sacrificado casi la totalidad de Tame Impala en vano.

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Como uno ya había sido seducido por los psicodélicos australianos en el Primavera Sound, no era la prioridad de la jornada. En cualquier caso, me acerqué corriendo (otra vez) al Palco Optimus para comprobar una vez más cómo el muro de sonido que despliegan Tame Impala está a otro nivel. Apenas pude ver la colosal “Elephant” y el final con “It is Not Meant To Be”. Con este concierto Tame Impala cerraban el Lonerism Tour y a pesar de dejarse en el setlist “Alter Ego” o “Lucidity”, dieron uno de los conciertos del festival. De lejos.

Otros a los que tenía muchas ganas desde hace tiempo eran Alt-J, ganadores del prestigioso Mercury Prize con su disco debut “An Awesome Wave”. Tocaron en el Palco Heineken en frente de un público portugués entregadísimo, a veces al borde de la exageración. Recuerdo chicas subidas a hombros chillando los estribillos de “Matilda”, algo totalmente prescindible en un concierto de estas características. En cualquier caso, los chicos de Leeds brillaron en “Dissolve Me”, “Fitzpleasure” o su ya famoso “Breezeblocks”. También tocaron “Slow”, una cover de Kylie Minogue (???), y “Buffalo”, tema sacado de la banda sonora de Silver Linings Playbook. Para cerrar no se olvidaron de esa joya escondida en el final de su debut llamada “Taro”.

El último concierto que vi en el festival portugués fue el de Django Django. Sabía a lo que venía después de su actuación en el Dcode y en el Primavera Sound. Sin embargo, ésta fue la ocasión que más los disfruté. No tocaban con el sol de la tarde quemándoles la cara ni en un escenario que se les quedaba grande. El Palco Heineken se animó con la propuesta psicodélica/étnica/electrónica de los ingleses, esta vez menos interesados en la experimentación y más centrados a presentar su debut ajustándose a las canciones. “Default” sonó reconocible, sin adornos instrumentales innecesarios, y así la gente la pudo disfrutar por todo lo alto. También “WOR” o “Waveforms” sirvieron de calentamiento para todos aquellos que querían despedir el festival con el live de The Bloody Beetrots, del cual yo prescindí por poco interés y cansancio extremo.

Optimus Alive es una apuesta segura en cuanto a festivales veraniegos se refiere. Si siguen manteniendo el listón del cartel seguirán creciendo año a año. Y esto no parece difícil pues en Portugal no cuentan con la competencia de otros cinco festivales más. Tan sólo el Super Rock Super Bock y el reciente Optimus Primavera Sound podrían hacer sombra al festival lisboeta. En definitiva, por cartel, comodidad y organización, le da varias vueltas ya a algunos festivales patrios.

 

 

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