Angel Olsen – My Woman

Angel Olsen

My Woman

Jagjaguwar | Web oficial

2 de septiembre, 2016
St. Louis, Missouri, Estados Unidos
Rock, Folk

Puedes escucharlo:
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Hubo un tiempo en que Angel Olsen no existía para nadie. Ella, sabiéndose talentosa, editó “Burn Your Fire For No Witness” (2014) para olvidar el ninguneo al que relevaron su anterior trabajo, “Half Way Home” (2012) y su diminuto debut, “Strange Cacti” (2011 y altamente difícil de encontrar).

Con ese gran álbum hizo hueco en muchos corazones de ese 2014, siendo reivindicada como una artista con ese “algo” que tienen sólo unos pocos en esto del mal denominado folk. Había delicadeza y sentimiento, sí, pero también había genio y emoción. Destacaba. Por hache o por be, esta mujer, de ahora 29 años, sobresalía del resto.

“My Woman” no va un paso más allá, sino que da un salto olímpico de calidad y cantidad. Y no porque el disco sea generoso en canciones (10), sino porque es insultantemente rico, está lleno de detalles de maestra y salta de un extremo del pop a otro sin que te des cuenta. Es de esos discos en los que resulta difícil saber por qué gusta tanto. Lo que sí se nota, descaradamente, es que se ha cansado de ese menosprecio, ese pasar inadvertida por los medios, y da un golpe de autoridad entregando uno de los incuestionables discos del año. Lo que viene después de “Intern”, esa intro que usó equivocadamente a modo de presentación, es un conjunto de canciones de su padre y de su madre llenas de garra, a veces contenida, a veces no. Se ha puesto incluso a gritar en alguna canción y, de verdad, grita como Dios (piel de gallina en “Woman”). En el segundo single, “Shut Up Kiss Me”, ya vimos por dónde iban los tiros. Para lo que no estábamos preparados era para “Sister”. Nadie lo estaba. Una de las canciones más grandes que he oído jamás. “I want to go where / Nobody knows fear / I want to follow / My heart down that wild road” canta la muy cabrona. Inolvidable. Si tienes hermano/a, llorarás.

Habría que nombrar cinco o seis canciones más que bien lo merecen, como la muy retro “Never Be Mine”, algo más cerca de Phil Spector que de este 2016. O el rock de ritmo impecable y controlado de “Give It Up”. O la impredecible pero magnética “Not Gonna Kill You” que no sabes por dónde te va a salir, pero que cada minuto es mejor que el anterior y donde contiene su chorro vocal hasta el final, cuando ya no puede más. O “Those Were The Days” y “Heart Shaped Face”, esas baladas soul de susurro contagioso que también evocan otra época. Si hasta “Pops”, esta vez al piano, le sale redonda. Desfase de disco. Lo dicho, en estado de gracia. “All my life I thought I’d change”. Ocurrió.

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