Arcade Fire – Reflektor

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Arcade Fire

Reflektor

Web oficial
29 de octubre, 2013
Montreal, Canadá
Indie Rock

Artistas similares:
L.C.D. Soundsystem | David Bowie

6.5

Puedes escucharlo:
Spotify


Después de tres largos años desde su anterior disco “The Suburbs” y varias semanas de bombardeo mediático, Arcade Fire nos traen un renovado sonido con su cuarto disco, desconcertante e incasillable en nada hecho antes por el grupo. Ya el primer adelanto, el single “Reflektor”, dejaba bien claro por dónde iban los tiros en este nuevo episodio de la banda canadiense. Fuera violines, dentro sintetizadores. Y todo ello debido en gran parte a James Murphy (LCD Soundsystem), que ha puesto la marca de agua a cada tema de “Reflektor”.

Estamos ante un doble álbum (ambicioso), con canciones de una media de más de cinco minutos (arriesgado cuanto menos) y una especie de interludio que separa ambas, “Here Comes The Night II”.  Tras una rápida escucha lo primero que llama la atención es el desenfrenado ritmo bailable de gran parte del disco, sobre todo en la primera parte. La colaboración con David Bowie es un gran aliciente del sobresaliente single “Reflektor”, así como los versos en francés de una Régine ya sobrada con eso de los coros. El otro gran single por excelencia es, sin duda, “Afterlife”. Efectivamente, de los creadores de “Rebellion”, “No Cars Go” y “Sprawl II” llega ahora el tema más sencillo, pegadizo e inmediato que ha compuesto Arcade Fire. La épica de “Tunnels” hace alguna discreta aparición en “Reflektor”, y combinada con el rock más potente del disco hace de “Joan of Arc” un nuevo himno del grupo canadiense.

Como he dicho, hay una clara diferencia entre la primera parte del disco, donde Arcade Fire se lanza a la pista de baile con más o menos acierto en cada tema (destacan “Here Comes the Night Time” y, sobretodo, “Normal Person”), y la muy interesante, y en mi opinión superior, segunda parte. Y es que “Awful Sound (Oh Eurydice)” y “It’s Never Over (Oh Orpheus)” forman el tándem perfecto a pesar de alargarse innecesariamente. La primera lleva la etiqueta de canción más lenta y emotiva en un disco donde el intimismo brilla por su ausencia. Si bien tarda en arrancar, una vez que lo hace, encontramos al Butler más melódico. Por otro lado, “It’s Never Over…” cuenta con varias partes que se entrelazan en uno de los temas más completos del disco. Cabe destacar también la sugerente “Porno” que llama la atención, aparte de por el nombre, por ser uno de los temas que mejor recupera el tono siniestro de “Neon Bible”, sí, ese que también ha pasado a mejor vida. Para terminar el disco tenemos por un lado la ya mencionada “Afterlife”, que no se entiende muy bien que hace en esa posición del setlist (¿es otro reflejo?),  y “Supersymetry”, once minutos “calma sintética” para acompañar la resaca después de tanta fiesta.

Después de reposar el hype y ver “Reflektor” con perspectiva, uno se da cuenta de que el cuarto disco de Arcade Fire peca de alargar las canciones sin necesidad y de querer arriesgar con un sonido diferente que en ocasiones convence y en otras siembra todas las dudas por, hablando en plata, cansino. Al final “Reflektor” no es el disco del año que todos esperábamos pero es un disco notable, desconcertante y polémico como lo han sido los nuevos de Daft Punk o The Knife. y que si no viniese de los creadores de “Funeral” “Neon Bible” sería una de las sorpresas del año. Pero claro, la sombra de los túneles es demasiado alargada y, sinceramente, ¿quién quiere ver a Arcade Fire bailando en una playa de Haití pudiendo verles en una catedral gótica tocando, se me ocurre, un órgano?

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