Babyshambles – Sequel To The Prequel

Babyshambles

Sequel To The Prequel

Parlophone | Web oficial
2 de septiembre, 2013
Londres, Reino Unido
Garaje, Rock, Brit-pop

Artistas similares:
The Libertines | Dirty Pretty Things | The Clash

5.5

Puedes escucharlo:
Spotify | Deezer


Muy a mi pesar, el tercer álbum de Babyshambles ha pasado sin pena ni gloria por muy pocos medios de comunicación, tanto digitales como impresos. Seis años han pasado desde el genial “Shotter’s Nation”, el que sucedía al esperanzador debut post-Libertines titulado “Down In Albion” (2005). Pero el verdadero problema es que… tampoco los echábamos de menos. La triste apatía que da en 2013 enfrentarse a un nuevo disco del cuarteto londinense es preocupante, pero tampoco es justo hacerle semejante boicot a los de Pete Doherty, ese incomprendido geniecillo que en su trayectoria profesional ha aparecido, injustamente, más en la prensa sensacionalista que en la musical.

“Sequel To The Prequel” es un disco que, realmente, pasa del decente sin llegar a impresionar, pero que si te gustaba lo que hacían antes, te va a dejar más que satisfecho, pues no hay ningún cambio de registro en absoluto. Más de lo mismo… pero sin “Fuck Forever” o “Delivery”. Y he ahí el único problema: la falta de ese par de irresistibles singles a los que Doherty nos acostumbraba, tanto con The Libertines como con su banda actual. “Maybeline” es un intento pero se queda en quiero-y-no-puedo; a “Nothing Comes To Nothing”, el single, le falta chicha; el estribillo de “Farmer’s Daughter” da un poco de fatiguilla; y “Fireman” es un clon mediocre de The Clash. Pero, paradójicamente, ahí se acaban las críticas, porque estos nuevos Babyshambles empiezan a molar cuando menos te lo esperas. El adictivo ritmo de “Fall From Grace” es un buen ejemplo; o esa callejera “New Pair”, la cual lleva tatuada el sello Doherty que hasta recuerda a ese otro incomprendido “Grace/Wastelands” (2009) que firmó en solitario; la que da nombre al álbum es puro cabaret brit, una canción genial; y “Dr. No” es la guinda del pastel, rozando el reggae y haciéndonos pensar que, definitivamente, se ha cambiado de droga.

El final de disco está un poco a medio camino, en mitad de la tabla. “Penguins”, pese a destacar, habría tenido una marcha más de velocidad en épocas pasadas, cosa que no le vendría nada mal; “Picture Me In A Hospital” y “Seven Shades Of Nothing” suenan a buenos rellenos y “Minefield”, la que cierra, busca la épica (sin encontrarla) cuando ya está todo dicho.

Este tercer disco de Babyshambles lucha por buscar un hueco que hace tiempo no tiene, una identidad perdida hace años, pues darle continuación tantos años después a un disco tan superior los deja un poco en medio de ninguna parte. Sobre todo cuando el propio Pete parecía empezar una lógica y prometedora carrera en solitario. El problema es que, en el fondo, es un cacho de pan, y no quiere dejar a sus amigos atrás. Yo, como enamorado fan suyo, tampoco lo pienso hacer nunca. Su magia no desaparece así como así y sus discos siempre tienen donde rascar. Éste no es una excepción.

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