Christina Rosenvinge – Un Hombre Rubio

Christina Rosenvinge

Un Hombre Rubio

El Segell Del Primavera
9 de febrero, 2018
Rock, Pop

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Todo comenzó con “Almendrita”, canción escrita para “Firmamento” (2017), de Rocío Márquez. De ahí nació “Romance De La Plata”, el motor de un disco que, 26 años después de la muerte de su padre, le ha servido a Christina Rosenvinge de inspiración para un trabajo en el que se disfraza de hombre y así firmar su octavo álbum de estudio en solitario.

2018 ha de ser una fecha especial tanto para la autora de este “Un Hombre Rubio” como para sus seguidores. Coincide que se cumplen 10 años del mayúsculo “Tu Labio Superior” tras sus historias personales que no vienen a cuento, su colaboración con Nacho Vegas en el fantástico “Verano Fatal” (2007), su retorno a nuestro país y su reconciliación (parece que definitiva) con nuestro idioma tras su periplo estadounidense que en absoluto le fue mal. Para el recuerdo quedan esos “Frozen Pool” (2001), “Foreign Land” (2003) y “Continental 62” (2006) que consiguieron expandir su universo sonoro en constante crecimiento. Y 2018 es, además, el vigésimo (vale, vigésimo primer) aniversario de ese extraordinario debut en solitario, “Cerrado” (1997), que marcaba el punto de inflexión de una artista que se resistió al encasillamiento pop del pasado (Neumáticos, Álex, Subterráneos…) y, afincada ya en Nueva York y con la ayuda de Lee Ranaldo, empezaba a desarrollarse hacia direcciones más estimulantes y nada predecibles.

En esta última década, llamemos “en castellano”, hemos visto a la madrileña reconciliarse con el pop, cantarle a los dioses, a los eclipses y a su hermano, hacer retales con guitarras, teclados y hasta sintetizadores, e incluso conseguir que Georgia Hubley cante en nuestro idioma.

Ahora lo que toca es rock. Rock y su rubio y difunto padre, ese romántico y, por lo visto, machista señor danés que vino a España en busca de flamenco. Christina Rosenvinge se viste de negro para, con la ayuda de -parte de- los Tuya más potentes (“El Pretendiente”, “Berta Multiplicada”), prescindir de producciones externas y cantar, desde una supuesta primera persona en masculino (no, como Mecano no), sobre las ataduras emocionales sufridas por su progenitor y, por extensión, la gran mayoría de los varones. No es un disco de protesta por la igualdad, es mucho más. No es otro ejercicio más hablando de las indudables e históricas desventajas del patriarcado, sino un generoso ejercicio de condescendencia hacia esa otra mitad de la baraja, los contras, las limitaciones, los inconvenientes de haber nacido hombre (“lloras como un hombre / lloras como una mujer”  puntualiza en “Niña Animal”). Muy poca gente, y menos una mujer, se ha atrevido a cantar, desde ese punto de vista, canciones tan bellas como las que aquí encontramos. Por poner un ejemplo, la muy puta  (guiño) es capaz de escribir un tema sobre algo que, no por popular, deja de conmover como la historia de El Cordobés y su hijo (“Pesa La Palabra”).

A toda esta belleza hay que sumarle las emocionantes “Romance De Le Plata”, que radiografía el álbum entero y pone la piel de gallina, y “Ana Y Los Pájaros”, más que justificado single repleto de aristas sonoras (¿country? ¿pop? ¿guateque?). Cierra el disco la muy ingeniosa “La Piedra Angular”, con tanto sentido del humor como mala leche. Pero antes de ella suena “Afónico”, clásico instantáneo y canción nacional a superar en este recién empezado año. Un monumento sonoro que sitúa a una mujer rubia  varios peldaños por encima del resto. Christina Rosenvinge  en estado de gracia no tiene rival. Eso sí, aunque cada canción es una historia de la que se podrían rellenar densos párrafos, nueve canciones, viendo el nivel, son pocas. Queremos más.