Chromatics – Kill For Love

Chromatics nos trae Kill For Love, o lo que es lo mismo: el mejor álbum musical publicado hasta ahora en el 2012. ¿Cómo habrán logrado escalar hasta semejante cima?

Esta banda de synthpop con base en Portland comenzaría en 2003 a dejar su huella en el mundo de la música. Desde entonces diferentes miembros del grupo han salido y otros han entrado, así como su estilo ha cambiado de un álbum para otro, comenzando con un estilo más caótico, ruidoso y poco definido para finalmente llegar a dar con un sonido que recuerda al terciopelo en una noche fría pero aderezada con humo y luces tenues. Chrome Rats vs. Basement Rutz (2003) y Plaster Hounds (2004) fueron esos trabajos inaugurales que suenan a una banda completamente diferente a la que suena hoy en día. Olvidad las canciones pertenecientes a esos discos porque tan sólo son un pasado borroso y difuso en la historia de Chromatics. A partir de Night Drive (2007) se podría ir vislumbrando ese horizonte que contendría un sol naciente que calentaría nuestros oídos. De todas formas, ese tercer álbum tan sólo sería un primer acercamiento a la gran montaña que escalarían finalmente en 2012 con Kill For Love, un tracklist de 17 canciones (tras descartar muchas otras) que supone ser inolvidable y que vendrá a nuestra memoria cuando recordemos este año.

La esencia pura de lo que encontramos en este mejor álbum del año hasta el momento, está formada por varias constantes: una parte instrumental que le da ese sabor añejo y post-modernista a cada canción, las interpretaciones vocales (normalmente llevadas a cabo por Ruth Radelet, pero en algunos casos será una voz masculina) son perfectas para la intención deseada y por último las letras de cada tema: decadentes, como el momento en el que se apaga una luz, y que transmiten desde detrás de una cortina transparente, te ponen las palabras en los labios para que tú las saborees. Estos ingredientes juntos culminan en un cocktail exquisito que salta a la vista por su color rojo, por su olor a un mundo desconocido, por su textura y sabor a dulces frutas.

Es un trabajo compuesto por 17 piezas, y muchas de ellas son de una duración superior a la media de 4 minutos a la que estamos acostumbrados. Quizás esto sea el único punto negativo que encontramos, ya que si imaginamos el disco con algunos minutos menos, es bastante factible que el resultado sería más digerible. Hay ciertas partes finales de canciones que se hacen un poco largas, repitiendo durante demasiados segundos la misma constancia. De todas formas esas notas musicales están puestas ahí por una razón y nos rendimos ante semejante maestría.

“Into the Black” abre un telón escarlata con ribetes dorados para dejarnos sin palabras. Es tan sólo un aperitivo para el gran banquete que nos daremos a lo largo de Kill for Love. Esta versión de “Hey, Hey, My, My” de Neil Young que Chromatics ha fabricado desde su corazón suena como el viento que abanica un campo de trigo. Es un bocado delicioso que te abre el apetito… y no podéis imaginar el banquete que viene de camino. De ahí pasamos a “Kill For Love”, tema que da nombre al álbum y que desde el primer momento nos sorprende con una melodía impensable y es un auténtico placer ver como la canción se va construyendo a sí misma, añadiéndose elementos musicales que la completan y la hacen una joya reluciente en una oscuridad tan sólo iluminada por un rojo inglés muy elegante. Al fin y al cabo la sangre de ese asesinato por amor es de ese color escarlata tan particular.

Y es que prácticamente cada canción tiene un elemento que te enamora. Y no estoy exagerando con el verbo. Estoy hablando de sentirte embelesado por un átomo artístico realmente bello. En “Back From the Grave” nos sentimos inevitablemente atraídos por la sensualidad de ese “piu, piu” que suena en el estribillo. Mágico. En “Lady” son esos puentes  con guitarra eléctrica que rugen mientras unen los pasajes vocales. En “Matter of Time” es ese continuo susurro que te hace sentir una voz segura de sí misma a escasos milímetros de ti. En “At Your Door” se trata de ese acento oriental que viaja desde las hojas de un cerezo en flor hasta la noche urbana más iluminada por neones. Casos aparte son “Running from the Sun” y “Birds of Paradise”.

La primera es una canción que pertenece al universo. Es una melodía inolvidable que versa sobre una historia profunda y dolorosa. Imaginad al Sol como un ente capaz de sentir y de expresarse. Alguien huye de su influencia y la estrella despide un llanto que recorre toda la galaxia. Es un lamento que sale de su núcleo, es su forma de suplicar “no me abandones”, mientras que de fondo se puede escuchar el latido de su corazón. Sí, me refiero a esa parte de la canción que no desaparece de vuestra mente, ese sonido que os inunda el alma de pena. Además, antes de estos míticos pasajes encontramos un ritmo de batería que nos prepara para el golpe emocional tan intenso al que nos veremos sometidos. Esta décima canción del álbum es un atentado contra nuestros sentimientos, y más incluso cuando en los tres últimos minutos escuchamos periódicamente esos cánticos angelicales que nos susurran sobre el paso a una vida mejor del Rey de Fuego, una muerte producida por el dolor de una pérdida.

“Birds of Paradise” es un auténtico misterio en sí misma. Comenzando por ese solo de piano tan intrigante y continuando por una que rasga el silencio. “Baby, when I first saw you, I knew you held the keys to my heart and in the setting sun we flew away to a broken kind of paradise”. Y aquí sentimos el dolor de que ni siquiera la concepción del paraíso es perfecta. Esto nos demuestra más que en ningún momento que es un trabajo destinado al dolor de la verdad. Y mucho más cuando líneas más adelante relacionan la letra con “Running from the Sun”. ¿Qué más se puede pedir en este momento? Que todo siga tal y cómo estaba planteado. Ese piano sigue sonando y la voz nos sigue destruyendo desde lo más profundo hasta el exterior.

Es de admirar el orden en que las canciones están dispuestas: sabiamente ordenadas para darnos momentos de respiro con temas de menor peso, normalmente únicamente instrumentales como “Broken Mirrors” tras las 6 primeras obras maestras del álbum, y es que en este momento necesitábamos un respiro tras semejante comienzo. “The Eleventh Hour” que arroja todo su peso minimalista con ese instrumento de cuerda en los primeros compases y “Dust to Dust” que nos intenta animar tras las lágrimas derramadas por el Sol, rodean a un tema con muchísima importancia como es “Running from the Sun”. De igual manera ocurre con “The River”, ya que antes nos preparamos con “There’s a Light Out On the Horizon” y su delicioso acento cibernético “please, enter your password”, y después de bajar el río y como fin de fiesta nos tocará disfrutar de 14 minutos de huida: “No Escape” es la canción que cierra el álbum y lleva el concepto de decadencia arraigado en su interior.

Kill For Love se puede considerar un ataque terrorista contra nuestra sensibilidad. Chromatics reinventa la forma de   matarnos dulcemente con cada una de las canciones del álbum. Y es que han conseguido 97 minutos de calidad y magia musical se mire por donde se mire. Cuando este redactor cierra los ojos con cualquiera de los 17 temas de fondo, no le cuesta imaginarse en un avión surcando un crepúsculo insalvable que tornará en una noche triste y definitiva. Bravo.

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