David Bowie – Ziggy Stardust (40th Anniversary)

David Bowie

Ziggy Stardust (40th Anniversary)

4AD | Web oficial
6 de junio, 1972
Brixton, Londres, Reino Unido
Glam rock, Psicodelia, Soul

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“Soy un cocodrilo, soy mamá y papá y vengo por ti; soy un invasor espacial, seré una zorra del rock n’ roll para ti”. Ziggy Stardust, el mesías andrógino vino para salvar a la humanidad sin tener mucha idea de a qué pérfida indeseable venía a rescatar. Alguien debería haberle avisado de que si se acude a este nuestro planeta con ciertos aires de megalomanía, la historia no puede acabar bien. Quizá tampoco habría escuchado las advertencias. Y aunque lo cierto es que su historia es la de un ascenso y una caída, ahora Ziggy ha cumplido 40 años y posee el bien más preciado y perseguido por cualquiera que se precie: la inmortalidad.

Ziggy Stardust fue el primer alter ego de David Robert Jones, más conocido por David Bowie. Antes, el artista británico nos había vendido el mundo, nos había descubierto cómo era la vida en Marte y había iniciado su propia odisea espacial. Pero nada de aquello había sido suficiente. Para conseguir la gloria no hay que ser de este mundo. Mucha culpa del nacimiento de este personaje la tuvo Linsday Kemp, un mimo abstracto y profesor de baile, que se quedó prendado del primer disco de Bowie. Kemp, también amante, fue el mentor en lo que a puesta en escena se refiere: le enseño a moverse en un escenario y a utilizar la iluminación y el maquillaje como formas de expresión. De Kemp, Bowie mamó el Teatro del Absurdo y la corriente escénica nipona Kebuki para llevar todo ello al extremo. Hasta el punto de mudar su identidad sobre el escenario para convertirse en Ziggy Stardust, un extraterrestre de ambigua inclinación sexual que venía del espacio dispuesto a salvarnos. Un Jesucristo versión glam, con banda de músicos marcianos incluida, que hubiese hecho santiguarse al más liberal de los beatos. Ziggy supuso la llave del éxito para David Bowie, una puerta abierta a la consagración.

Pero no todo fue maquillaje y lentejuelas: Ziggy Stardust se convirtió en una estrella del rock porque su álbum fue, es y será una de las obras maestras de la historia. “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders Of Mars” cumplió el pasado 6 de junio 40 años y la consiguiente reedición fue el regalo de aniversario. Remasterizado para eliminar el paso del tiempo y adaptarse a las cada vez más exigentes nuevas tecnologías, la edición especial la conforma un vinilo con un DVD. Esta resmaterización no ha sido violada por efectos digitales algunos e incluye en el DVD clásicos adicionales como “Velvet Goldmine”, “Sweet Heart” o “The Superman”.

Pero dejemos la industria a un lado. Fue un 3 de julio cuando Ziggy Stardust firmó su epitafio. Lo hizo en directo, en el Hammersmith Odeon, frente a miles de seguidores. Fans que no se contentaban con comprar una entrada: para ellos, Ziggy era el verdadero mesías. Embutidos en el glamour que dictaba su gurú espiritual, se pintaban, peinaban y teñían el pelo como él. Los conciertos de Ziggy Stardust y The Spiders From Mars no sólo eran un espectáculo sobre el escenario, el público se convertía en una verdadera orgía musical y sexual. “Muchos hombres se quitaban la ropa interior e iban enseñando la polla por todas partes. Había muchos fluidos en el ambiente. De hecho, una chica se la estaba chupando un tipo al mismo tiempo que intentaba enterarse de lo que estaba pasando. Pensé que era algo extraordinario porque nadie parecía sentirse inhibido”, comenta uno de los seguidores en el libro “Stardust: Secret Life Of Fans” (1985). No había mejor manera de despedirse que hacerlo en aquel ambiente de éxtasis y decadencia. “No sabía si yo estaba controlando a los personajes o los personajes me estaban controlando a mí, o si todos éramos la misma persona”, expuso un Bowie siempre perseguido por el terror de sufrir la enfermedad mental de su hermano, la esquizofrenia. Esa misma noche, en el Hammersmith Odeon el esquelético extraterrestre se dirigió al público, “Este no es únicamente el último concierto de la gira, sino que es el último que daremos. Adiós. Os queremos”. La gente se quedó muda, incluidos Mick Jonson (guitarra, piano y coros), Trevor Bolder (bajo) y Woody Woodmansey (batería): los Spiders From Mars se habían quedado sin trabajo.

El ascenso y caída de Ziggy Stardust comienza con “Five Years”, un ser de otro mundo llega a la Tierra para avisar a la humanidad de que su planeta va a desaparecer. La crónica de una muerte anunciada. Y con la Tierra, desaparecerán sus habitantes, con sus miserias y alegrías. “Creo que os vi en una heladería, bebiendo batidos, sonriendo y saludando tan felices, no creo que supierais que estabais en esta canción”. Los instrumentos de viento, el pausado piano, la voz desgarradora de Bowie… La leyenda de Ziggy empieza con un tono épico para seguir hablando del amor en “Soul Love”. Tres tipos de amores se desgranan en esta canción y vemos a un extraterrestre descubriendo la más poderosa de las pulsiones humanas. El amor pasional, el amor paternal y el amor espiritual. “Moonage Daydream” continúa este camino de ascenso y nos presenta a Ziggy Stardust. Con el formato digital hemos perdido la costumbre, o necesidad, de darle la vuelta al disco, o cassette, pero este álbum tiene dos partes claramente diferenciadas. Si bien en la primera, que finaliza con “It Ain’t Easy”, no se nombra de forma específica al protagonista de esta triste historia y sus acompañantes, en la cara B del disco ya se nos presenta de forma oficial a Ziggy, sus diferentes facetas, su camino al éxito y su imparable descenso a los infiernos del rock. Nosotros, hijos de la era digital, lo vemos como un todo en un único acto. Quizá, precisamente por recuperar eso, la edición especial ha sido concebida en vinilo.

Dejando las reflexiones nostálgicas a parte, “Moonage Daydream” es la primera canción que habla de forma implícita de esta zorra espacial de ego infinito. También lo hace “Starman”, que fue el primer single de “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And the Spiders From Mars”. “Hay un hombre de las estrellas esperando en el cielo que viene a conocernos, el cree que va a hacer volar nuestras mentes, dejar que los niños lo pierdan, dejar que lo usen, dejarles bailar…”. Acaba este primer acto con la ya mencionada versión de Ron Davies, “It Ain’t Easy”, donde Ziggy, con una sonrisa torcida, nos recuerda lo complicado que es convertirse en una estrella del rock. Cuando escuchamos “Lady Stardust” por primera vez, y sin haber visto vídeo alguno, nos imaginamos una luz cenital cayendo sobre un Mick Jonson a las teclas. Travestirse encima del escenario: Bowie descubre una de las principales facetas que describen a Ziggy, y a él mismo. Ya de pequeño, Robert Jones se colaba en la habitación de su madre para ponerse frente al espejo y maquillarse. “El chico en sus vaqueros azules, saltaba en el escenario y Lady Stardust cantaba sus canciones de oscuridad y desgracia”. Tras volver a contarnos sus anhelos de convertirse en una estrella de rock, en “Star”, se cuela un furioso rockabilly en “Hang On To Yourself”: estos marcianos son estrellas, las groupies quieren acostarse con ellos y la vida es tal y como la habían deseado. “Ziggy Stardust”, la canción, desvela explícitamente a este conjunto de dioses del rock. Ziggy toca la guitarra y es un hombre especial, él y su banda de Arañas de Marte. Segundo sencillo del álbum, este tema es hoy un himno del rock y una de las canciones que ha perseguido a Bowie durante toda su carrera, aún estando enterrado su álter ego.

A partir de Ziggy, el exceso, la otra cara irremediable del estrellato, se sucede en “Sufrágate City” y la carta de despedida “Rock n’ Roll Suicide”. El poeta español Manuel Machado inspira a Bowie para describir este adiós sin lágrimas en los ojos, sólo vómitos y habitaciones destrozadas estilo Guns n’ Roses, Gallaghers y compañía. “Eres demasiado viejo para perderlo, demasiado joven para escoger, y los relojes esperan tan pacientemente en tu canción, pasas de largo por un café, pero no comes cuando has vivido demasiado, oh no, tú eres un suicidio del rock n’ roll”. Esta maravilla cierra una historia que se antoja triste: los viejos amigos se han reunido en el bar para tu despedida y levantan las copas en tu honor, y te recuerdan que no estás sólo, aunque ya te has ido y has dejado a tus arañas espaciales atrás. Música y letra nos dicen todo esto mientras sientes que se te desgarra el alma, aunque nunca hayas estado sobre un escenario y hayas sido una estrella del rock.

Caer en los tópicos se antoja fácil, pero es imposible no decir que esta obra maestra forma parte, según mitología, del Olimpo de los Discos, del Asgard de los Álbumes o del Cielo de la Música. Tras cuarenta años, hoy escuchas “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” y ves que no ha perdido ni un ápice de frescura y de realidad. Es un disco del ayer, del hoy y del mañana. Un álbum atemporal que nunca puede morir. Bowie fue un visionario a través de esos ojos de pupilas dispares fruto de una pelea por amor. El romanticismo es una de las claves de este LP, culmen del glam rock, y una nostalgia infinita se apodera de ti cuando lo escuchas caminando una noche de verano sintiendo el asfalto arder bajo tus pies. Te hace sentir vivo y a la vez te recuerda, sin piedad, que ya no se hacen discos como éste. Porque viendo a Ziggy sobre el escenario te das cuenta que ese suicidio del rock n’ roll nació como la mayor de las farsas y se convirtió en la mayor de las verdades: la humanidad corre imparable hacia el fracaso, hacia la caída. La redención en forma de legado sólo está al alcance de unos pocos elegidos y Ziggy está entre ellos.

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