Domo – Domo

Todavía no sé cómo perdonarme haber tardado más de un año en escribir esto. Desde que empezamos con la revista decidimos que mediante este proyecto lo que pretendíamos era dar a conocer música que nos gustaba a los que humildemente, formamos esta publicación. Pues ha llegado el día en el que esa frase tome toda la importancia que debe tener. Porque lo que ahora os presento es un disco de los que considero imprescindibles en mi discografía básica. Y todo empezó cuando en Alicante decidieron juntarse Sam (guitarra/fx), Óscar (bajo) y Paco (batería). Ellos son DOMO y su disco lleva dando vueltas por el mundo underground desde 2010.

De título homónimo, la propuesta musical de DOMO nos traslada a finales de los años 60 e inicios de los 70, cuando la psicodelia empezaba a invadir los campos del rock, sembrados de LSD y ácidos, enredándose en riffs interminables capaces de hacerte tocar las estrellas. Y para hacer eso hoy día hace falta una cosa: valor. El disco abre con “Nadi”, paradigma del estilo que DOMO practica. Cantidad de riffs, empezando por el inicial de bajo que nos deja a las orillas del mar para sumergirnos en continuos wah-wahs y efectos de fuzz combinados a la perfección. El viaje espacial continúa con “Prana”, una bofetada en la cara a ritmo de stoner rock en cuya estructura predomina la marcial batería de Paco y los riffs incansables de la guitarra de Sam, cuyas cuerdas parecen elásticas a juzgar por la agilidad y destreza del guitarrista. Estamos hablando de un grupo que bebe de las influencias de la música de los años 70, así que no esperéis demasiada tranquilidad, sino ritmos frenéticos a lo largo de canciones de una duración media de 8 minutos. Como curiosidad, en esta canción tendréis la oportunidad de escuchar ligeramente la voz de Óscar, porque aunque no lo había mencionado con anterioridad, la mayoría de sus canciones son instrumentales.

Con “Asura” podemos encontrarnos ante un himno de batalla. Aquí las guitarras se afilan, endureciendo el tema, acercándolo al doom y oscureciéndolo. Consiguen sumergirnos en cavidades oscuras donde no queríamos llegar a base de un riff que nos machaca la médula espinal. Muy interesantes son las percusiones en la parte central del tema, acaparando toda la atención del que lo escucha. Gran trabajo una vez más de Paco a la batería, incansable golpeando parches y platos. “Pretas” cambia un poco el chip de contínua distorsión que teníamos grabado a fuego en nuestros oídos, propiciando un tema de tintes más progresivos, rozando incluso los sonidos árabe y en el que hasta prácticamente el final no encontramos una batería, que sirve de enlace con “Yamantaka”, ahora sí con un claro sonido arábigo que abandonan pasados dos minutos con la entrada del bajo en la canción. Notas graves, con un reverb que se alarga hasta el infinito mientras la guitarra puntea en una dura batalla por la supremacía sonora.

“Eta Carinae” es la niña bonita del disco. Una melodía mano a mano entre guitarra acústica y sintetizador que apenas dura dos minutos y anuncia la tempestad sónica que supone el cierre del disco de DOMO. Y esa tempestad no es otra que “Samsara”. Tras un calmado comienzo que no hace pensar en lo que puede venir después, la canción va creciendo en intensidad y fuerza hasta que, acorde tras acorde, nos explica qué es la música para DOMO. Efectos, riffs, una batería cojonuda. Sí, es un lujo volver a aquella época que no pudimos vivir y tanto admiramos. Se me vienen a la cabeza grupos como Pink Floyd, Hawkwind o Tangerine Dream, estos dos últimos sobretodo por ser conocidos pioneros en el space rock. Pero no queda aquí la cosa, tras un silencio de cuatro minutos, nos espera una sorpresa. Un tema oculto que remata a “Samsara” con una explosión de rabia que no habíamos escuchado antes. La crudeza de la guitarra junto a la fuerza del bajo y la batería sí nos trasladan directamente a las raíces del rock más acelerado y ponen el broche final a un disco que ya casi se ha convertido en un objeto de culto dentro del circuito underground europeo.

Tal ha sido la repercusión que ha tenido que la discográfica Radix Records decidió remasterizarlo y dotarlo de una mayor calidad para su reedición a nivel físico. Y es que hace tiempo que un grupo de tan sólo tres personas no sonaba así de bien y más en un campo tan difícil como es el que transita DOMO. Porque tal vez nuestra revista esté encaminada hacia la música indie, pero, ¿dónde habíamos firmado que no se podía hablar de más música? Espero que déis una oportunidad a este viaje espacial por los sonidos de la psicodelia y el rock y no os dejéis engañar por las etiquetas que se le ponen a la música para llegar a más o menos público. Están encaminándose hacia su segundo disco y tengo muchas ganas de poder escucharlo. Ah, una última recomendación, si pasan cerca de vuestra casa, intentad ver su directo. Porque eso sí es una experiencia única, con gong incluido.

 

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