Halls – Ark

ifmbateman

Halls

Ark

No Pain In Pop | Web oficial
15 de octubre, 2012
Londres, Inglaterra, Reino Unido
Electrónica, Experimental

Artistas similares:
James Blake | Braids | Deptford Goth

7.0

Puedes escucharlo:
Spotify


Sam Howard, londinense de 21 años, a través de su proyecto musical en solitario, Halls, y su álbum debut, “Ark”, se propuso tomar una decisión muy simple en este frío otoño del 2012: parar el corazón del mundo durante 39 minutos.

No es novedad en absoluto que desde la aparición de James Blake en el panorama musical, allá por 2010 con una serie de EPs y al año siguiente con su LP debut, se consagrase como uno de los artistas más revolucionarios de la palestra actual que alucinó por todo lugar gracias a su post-dubstep. Esa concepción de la modernidad, sus ecos y sus paradas, ese rastro de cadenas y sábanas de fantasma profundizaron en la esencia de la creación de música, y con Halls tenemos el ejemplo perfecto de la influencia que ha causado Mr. Blake.

Halls parte de una premisa clásica y modernista al mismo tiempo. Pianos y melodías cristalinas. Cortes evocadores, pero al mismo tiempo transmitiendo asolamiento. Piezas únicamente instrumentales con sonidos ambientales y cotidianos, como son “I”, “Ark” y “Arc” marcan la pauta que el autor quiere dedicarnos con un tono melancólico y grandes piedras grises y pesadas de iglesia. Para Sam, este álbum supuso un método a través del cual poder alcanzar la calma que necesitaba en su interior. Componerlo es diferente a escucharlo, pero sin duda esa tranquilidad se percibe a través de cada canción. Como matiz que es incapaz de permanecer en el tintero, hay que remarcar que los silencios son música también (la duda ofende), de hecho, para ciertos visionarios del pasado y el futuro, no hay nada más precioso que el silencio. El artífice de “Ark” recoge esta idea para integrarla en un todo, de forma que a lo largo de las composiciones hallaremos “áreas de descanso” que nos permiten tomar respiración para continuar la travesía por este helado océano. Ayuda mucho esa sensación de altas columnas e inmensos espacios vacíos que nos inunda, ya que el álbum ha sido grabado tanto en iglesias como en conservatorios, incluyendo un elemento que supone ser un detalle bastante notable en la ecuación.

De todas formas, todo lo que se ha escrito hasta ahora carece de sentido, ya que hablar de esta forma de representar arte y no hablar de “White Chalk” podría convertirse en el octavo pecado. Es la muestra perfecta para intentar comprender de qué se trata este suspiro de casi 40 minutos. La voz del cantante se fusiona con las notas de piano, casi órgano, para embobar al locutor hasta que se produce la primera parada de incertidumbre, y más adelante cuando esos latidos de corazón, alias bombo de la batería, se cuelan por nuestros poros y nos sincronizan a la perfección con la canción. Esos coros, casi gregorianos, dotan de un lecho de vulnerabilidad a un conjunto mágico que se debate en una lucha entre una delicadeza sin igual y una casi imposible de creer fuerza proveniente de un chico de 21 años.

El compañero de baile perfecto de la comentada obra de más peso del álbum es “I’m Not There”, que incluso se atreve con aquello del “estribillo pegadizo”, ya que el ritmo que despierta en sus secciones centrales es de calidad y sorprende por su nervio más allá de la suma paz. Estos compases celestiales se extienden por doquier a lo largo de la primera mitad del álbum, y también abrazan a la segunda parte, que sigue mostrando composiciones de alto nivel como “Reverie” y “Winter Prayer”, y es que a esta estrella no le faltan ideas para demostrar variedad sobre una misma base consistente.

La evocación de soledad que consigue Sam Howard es sencillamente única. De hecho, podríamos atrevernos a decir que seguramente se trate de uno de los ejercicios con más mérito del año en este ámbito. Es admirable no caer en el inmenso error de realizar una burda copia sobre algo, y hubiese sido bastante normal que “Ark” lo fuese de cualquier paraje de James Blake, pero esto no ha sido así afortunadamente. Es cierto que sin él, seguramente este álbum no existiría, pero eso no es para nada negativo, ya que una fuente de inspiración no supone más que evolución y nuevas perspectivas, que siempre son necesarias en cualquier momento de la vida.

Halls nos propone el plan más anodino que se pueda imaginar. Simplemente tratad de encontrar el rincón en vuestra alma donde se aloja la soledad y dejad que se adueñe de vosotros. Marchad sin duda a algún lugar solitario y lleno de rocas, admiradlas e intentad encontrar su sentido, su parte del plan en este universo. La conjunción de las 11 canciones que conforman el disco os cogerá de la mano y os guiará placenteramente en esta aventura para robar respiraciones.

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