Los Planetas – Zona Temporalmente Autónoma

Los Planetas

Zona Temporalmente Autónoma

El Ejército Rojo – El Volcán Música | Web oficial

24 de marzo, 2017
Granada, España
Rock, PopPsicodelia

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El noveno álbum de estudio de los granadinos se ha hecho de rogar más de lo esperado. Acostumbrados ellos, y nosotros, a la regularidad de disco cada dos años (que se convirtió en tres en su último giro hacia las andaluzas raíces), en estos siete largos años han pasado muchas cosas.

La integración de los diferentes palos flamencos en esto del pop, algo que antes del superlativo “La Leyenda Del Espacio” (2007) parecía, cuanto menos, difícil de pensar, ha ido sumando nombres nuevos y otros más veteranos. Pero, por esa idiosincrasia de la banda, en este “Zona Temporalmente Autónoma” son ellos mismos los que se alejan de la fórmula, pero sólo en las formas, pues en el fondo ya lo tienen integrado en su discurso, tanto melódica como técnicamente.

El álbum parece dividido en tres partes: una primera en la que demuestran sus capacidades psicodélicas, la intermedia donde encontramos la sencillez de los potenciales singles, y una última en la que predomina el sentimiento y la transparencia de un J casi irreconocible: cariñoso y comprometido.

Abrir el disco con “Islamabad”, sin miedo, una de las mejores 10 canciones que han hecho en su carrera, es ir a asegurar, es caer “pa’rriba” y caer de pie. Pero es que las sucesivas “Una Cruz A Cuestas” (cante jondo espacial junto a Soleá Morente forrado de gloriosos mimbres sonoros), “Soleá” (más psicodelia flamenca con Banin en plan reina mora) y “Seguiriya De Los 107 Faunos” (homenaje a sus idolatrados Spacemen3 y el shoegaze en general) completan un primer bloque donde emocionan tanto como asfixian.

Dentro de las viscerales pasiones que levanta el quinteto, los hay que prefieren esta rama, estos sonidos que tan bien supieron llevar al terreno del flamenco. Pero, y aquí está la gracia de “Zona Temporalmente Autónoma”, no se han conformado con eso y en seguida empieza “Hierro Y Níquel” para corroborar que este álbum va más allá. Va a muchas partes, y una de ellas es la enésima demostración de que la sencillez pop se consigue a base de muchos intentos, y este extraordinario temón es otro ejemplo. Y lo siento por los haters, pero es que no hay ninguna otra banda en este país capaz de hacer este tipo de canción. Ni la siguiente “Porque Me Lo Digas Tú”, ni la adictiva “La Gitana”, ni, por supuesto, el mayúsculo single “Espíritu Olímpico”, un monumento al amor hecho canción. También habría que hablar de las referencias, pues en esta última, cantada junto a La Bien Querida, se habla de The Cure. Como también podría parecerse “Libertad Para El Solitario” a R.E.M., como tampoco se puede olvidar el algo más que guiño a Pixies en “Ijtihad”

¿Y qué pasa con ese último tramo? ¿Qué harán los intransigentes fanáticos de “Super 8” (1994) con “Amanecer” y, sobre todo, con “Hay Una Estrella”? ¿Y el resto, tenemos que aceptarlas porque ahora J está amoroso, o porque realmente son cojonudas? Y es que la sensación de que el mayor responsable de las letras de la banda sea feliz, está presente no sólo en estas últimas canciones, sino en gran parte del minutaje, lo que pasa es que hacia el final ya no puede disimularlo (la preciosa “Zona Autónoma Permanente” a la cabeza). Parece que se ha acabado, por lo menos de momento, esos rencores, esa mala follá general con la que escupía singles. De hecho, en su canción más política hasta la fecha, la final “Guitarra Roja”, camufla la mala baba en sutiles pero envenenados dardos con claro destinatario.

Da la sensación de que Los Planetas, en esta nueva aventura autoproducida (después de romper con Sony tampoco llegaron a -casi- nada con El Segell), han sabido subir en intensidad lo que parecen haber bajado en vueltas. Mezclan sin miedo, pero de forma moderada, gran parte de los 25 años de discografía y lo concentran en el puñado de canciones más homogéneo que han juntado desde “Unidad De Desplazamiento” (2000). Todo en este álbum tiene sentido y consiguen, sin reuniones, cumpleaños, ni pesadillas, firmar el disco más absolutamente irresistible que podíamos imaginar. Sobresaliente.

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