Mogwai – The Hawk Is Howling

Mogwai

The Hawk Is Howling

Wall Of Sound | Web oficial
22 de septiembre, 2008
Glasgow, Escocia, Reino Unido
Rock, Post Rock, Space Rock

Artistas similares:
Mono | GY!BE | Explosions In The Sky

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Con “The Hawk Is Howling” la banda empieza a ser, un poco, lo que no había sido hasta ahora. Eso que dijimos en la review de “Happy Songs For Happy People”, su nueva vuelta de tuerca, su nuevo giro a contracorriente. Y como por alguna regla extraña no escrita, sus discos pares salen perdiendo en las comparaciones. Lo que aquí es genial, en el siguiente lo será aún más.

Mogwai se vuelven místicos, ariscos y, lo que nunca fueron: fríos. Esa distancia entre su música y el oyente nunca había sido tan grande antes, y no por rechazo de lo primero, sino por respeto de lo segundo. Se les nota probando, una vez más, inquietos, curiosos. El EP previo, “Batcat”, les ha dejado la libertad para crear algo nuevo, probar con su sonido, y el resultado es éste, su disco más contemplativo (e instrumental).

El viaje a las entrañas de este nuevo universo sonoro comienza con la inmejorable “I’m Jim Morrison, I’m Dead”, una canción que empieza bien, y acaba en el infinito. “Batcat”, el sencillo, es brutalidad pura y dura. Furia imposible de contener, como si lo llevaran dentro y explotase de repente. “Daphne And The Brain” es otro intento de canción perfecta que bien cerquita se queda de conseguirlo. Pero es “The Sun Smells Too Loud” (la mejor) la que nos hace comprobar si siguen siendo ellos los que suenan: una jodida maravilla bañada en teclados y modernidad insólita. Sonidos puramente eléctricos combinados con esa magia especial (el repetitivo riff es de bandera) que sólo ellos saben domesticar. Un rotundo acierto pese a las críticas escépticas que se vertieron. Mejora a cada escucha. Es droga. Éstos son los nuevos Mogwai. Lástima que no haya más intentos parecidos en el álbum (llegarán en el siguiente), que se quede en anécdota tímida. En cambio sí que hay alguna que otra canción sobrante que podían haber sustituido por algo más de riesgo electrónico. Esa sensación se olvida rápido porque, ellos mejor que nadie, saben arreglarlo hacia el final callando bocas a base de mala hostia. La tralla de “I Love You, I’m Going To Blow Up Your School”, la incomodidad de “Scotland’s Shame” y la tensión de “The Precipice” vuelven a poner las cosas en su sitio.

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