Motorpsycho And Ståle Storløkken – The Death Defying Unicorn

Motorpsycho And Ståle Storløkken, "The Death Defying Unicorn" (2012), album art 500px

Motorpsycho & Ståle Storløkken

The Death Defying Unicorn

Stickman RecordsRune Grammofon | Web oficial
10 de febrero, 2012
Trondheim, Noruega
Rock Progresivo, Rock Psicodélico

Artistas similares:
Jethro Tull | Kadavar | Black Mountain

8.0

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“The Death Defying Unicorn” es el nuevo doble álbum de los noruegos Motorpsycho, 15º de su carrera, en el que han contado con la colaboración del compositor y músico de jazz Ståle Storløkken. Rock progresivo y psicodélico, que nos recordará a Jethro Tull, Pink Floyd, aderezado con una orquesta que aporta epicidad y momentos lóbregos en los que rizan el rizo de la psicodelia.

En el primer disco, de los dos que conforman este nuevo trabajo, podemos apreciar la paranoia que vamos a escuchar desde su primera canción “Out Of The Woods”, con instrumentos de viento en bucle continuo que enlazan con el segundo corte, “The Hollow Lands”, instrumentación orquestal y una melodia vocal que recuerda a Pink Floyd. “Through TheVeils” son 16 minutos de virtuosismo, mientras “Doldrums” calma un poco nuestra aventura psicotrópica, dándonos un poco de suspense para llegar a la espectacular y peliculera “Into The Gyre”. Más psicodelia, que se mueve entre el rock  y el metal progresivo. Finalmente la enigmática “Flotsam” funciona como un mero interludio al segundo disco.

Ya en el segundo disco, la enorme “Oh, Proteus – A Prayer”“Oh, Proteus – A Lament” erizan la piel con su pomposidad orquestal. “Skulls In Limbo” una mezcla de banda sonora de “Conan” y el primer minuto de Stairway To Heaven de los Zeppelin . “Sharks” se encuentra entre el jazz y el sonido sinfónico oscuro predominante del álbum. El broche final las ponen la progresiva “Mutiny” y la bipolar “Into TheMystic”, entre la festividad, el folk rock y la claustrofobia.

El álbum que nos ha regalado Motorpsycho es una auténtica delicia. Técnica y ejecución imponente. Unas melodías que pasan de la alegría a la tristeza y crudeza en cuestión de segundos. Hora y media en la que derrochan virtuosísmo meticulosamente hilvanado. Puro espectáculo.

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