Muse – The 2nd Law

ifmbateman

Muse

The 2nd Law

Warner Bros Records, Helium 3 | Web oficial
1 de octubre, 2012
Teignmouth, Devon, Inglaterra, Reino Unido
Rock, Alternativa, Pop Rock

Artistas similares:
Queen | Depeche Mode | U2

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Este caos desafía a la imaginación. Nos lo recuerda Matt Bellamy desde ese complejo universo que debe ser su mente y al que sólo él tiene acceso. Gracias a Dios. Llegados a este punto, mentar a Dios en las primeras líneas de una review de Muse no es mala idea: no en vano, son señalados como la mejor banda de rock del siglo XXI. Un título que se cuelga más por inercia que por convicción. Seamos justos: de rock cada vez menos en el trabajo de estudio de los de Teignmouth. Pero empecemos por el principio: “The 2nd Law”.

Fieles a su cita, desde el “Origin Of Symmetry” un disco cada tres años, el sexto trabajo de los británicos lleva arrastrando hype desde que la gira de “The Resistance” llegó a su fin. Las conspiraciones políticas han dado paso a la física como fuente de inspiración en el bautismo de su nueva obra: la segunda ley de la termodinámica que, en lengua profana, expone que la energía y la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Una metáfora excelente que define a la perfección dónde se encuentra el trío tras dar vida al sexto de sus hijos. Como la oruga en la crisálida, Muse se transformó y echó a volar hace tiempo, lo que no tengo claro es si el resultado es la más bella de las mariposas o el más insípido de los huracanes. Cuestión de gustos.

“The 2nd Law” es un disco, en primer término, heterogéneo. Tanto, que cuando terminas la primera escucha, después de trece pistas y 53,36 minutos, te sientes abrumado. Es imposible de abarcar. Te quedas en un extraño ‘stand by’ y con un sabor en la boca de no haber entendido nada. Y es que, hace un año, cuando todo el mundo pensaba que Bellamy nos ‘trolleaba’ con su definición del nuevo álbum, resulta que el muy hijo de la Gran Bretaña no bromeaba ni un poquito: ‘Una odisea gangsta rap jazz cristiana, algo de ambient y rebelde dubspet y metal flamenco-cowboy psicodelia’. Sabíamos que ibas a hacer lo que te diera la gana Matt, ¿pero tanto? Muse se diluye en este disco en una ensalada de luz y de color que, para colmo, también se plasma metafóricamente en el art work del disco con esa coliflor de neón sacada de un proyecto de neurología de la UCLA. Viendo la portada, pensamos en Daft Punk y no vamos desencaminados. Al menos, que no se me malinterprete, en las aspiraciones. Muse tontea más que nunca con la electrónica en este disco y en diversas variantes: dubstep y ambient como nos había avisado Bellamy, y un intento llamado “Follow Me” que aún no se cómo calificar. No acaba aquí la cosa, también tenemos rock puro con Jimmy Page iluminando el camino, a Bono, George Michael y Prince colándose descaradamente en la fiesta, confeti incluido, y, atención, el funk-rock como la principal de las novedades. ¿Más? Sí, Chris Wonstelholme extiende sus competencias más allá de las cuatro cuerdas y los coros por primera vez en la historia componiendo dos temas para “The 2nd Law”.

Con semejante panorama, los que llevan siguiendo a los del condado de Devon desde los inicios de su show sideral y el origen de la simetría entran en pánico, se esconden en el armario y ahí se quedan, canturreando “New Born” cual mantra en bucle. No les culpo. Pero pasado el pánico inicial alimentado por los aperitivos, un nuevo refrito queenesco llamado “Survival” y un single que parece versionar a un Prince muy arrepentido tras una bronca con su novia, uno escucha “The 2nd Law” y respira: hay algo de luz al final del túnel.

Curiosamente, “The 2nd Law” abre con un tema concebido para callar la boca a todos los que llevábamos dudando de Muse desde hace tiempo. También parece que el señor Bellamy lo ha hecho casi por vendetta: ‘¿queréis guitarras? Pues tomad tres tazas’. Así que nada mejor que rendir homenaje a “Kashmir” de Led Zeppelin con unas pinceladas del gran Ennio Moricone y un poco de grandilocuencia marca de la casa. Este tema, discípulo de “Knights Of Cydonia”, te hace recuperar la fe, mirar al cielo y alzar el puño. Saldremos victoriosos. Aunque, en esta ocasión, el trasfondo de la letra es menos épico y más terrenal: estamos alienados por este mundo, pero ha llegado el momento de destruir su supremacía. De nuevo, la idea del levantamiento, ya anticipada por aquel “Uprising” que no entendieron bien en Londres hace unos meses.

Lo malo es que el ‘musero’ de a pie baja de la nube rápidamente: “Madness”. Golpe de realidad. Mirándolo por el lado bueno, estábamos avisados: primer single de “The 2nd Law” y alabado por, nada menos, que Mr.Coldplay Chris Martin. Maravilla de producción dicen los expertos en la materia. Me ahorraré calificativos. Eso no es Muse. No, por desgracia sí es Muse, pero con el intento se han pasado de la raya mucho más que con “Undisclosed Desires”. La crisis de identidad continúa con “Panic Station”. Funk. Mientras estás pensando en Red Hot Chilli Peppers, aparece Franz Ferdinand y te da por mirar la carátula y preguntarte si te han timado en la tienda. “Panic Station” es un tema pegadizo que promete ser un ‘dancefloor’ de los buenos y apunta muy buenas maneras en directo. Pero volvemos a lo mismo, ¿era necesario alejarse tanto de la senda de un sonido propio? Las tres primeras canciones de este disco no tienen nada que ver entre sí en cuanto a estilos y quizá tal popurrí de sabores estropee la receta. ¿No te lo planteaste querido Bellamy?

Así, llegan “Prelude” y “Survival”, que tiendo a interpretar como un solo tema con una intro, y hasta das gracias de que suene algo conocido. Puede que cuando se presentó en verano yo la tachase de ‘más de lo mismo’, pero una sonrisa aflora en tu boca con esos guitarrazos esquizofrénicos del final: sí, es Muse. Poco dura la esperanza: “Follow Me”. Una letra para olvidar -con “Madness” y “Survival” una de las peores que ha compuesto Matt Bellamy– y un intento de hacer rock electrónico que suena a ‘trucha’ de pub de pachanga. Cuando has escuchado antes el directo que la versión de estudio lo único que te preguntas es por qué. La respuesta es el complejo de ‘Juan Palomo’ de Bellamy y su exceso de egolatría: autoproducirse no funciona para todo, sobre todo con géneros que no manejas del todo.

La verdad es que estás a punto de tirar la toalla cuando aparece “Animals”. Y se te caen las lágrimas. Porque, después de ver como uno de los mejores grupos de la historia se ha desviado sin descanso de esa senda que te enamoró hace años, descubres que vuelve a ella. A los orígenes. A la simetría. Al piano y la guitarra colgada a la espalda. A la sencillez. No hace falta más. ‘Animales, somos animales, compra cuando la sangre baña las calles, mata a la competencia, cómprate una isla, cómprate un océano’. Más crítica económica, esta vez dedicada a los tiburones del capitalismo en su máxima expresión: los brokers. Sólo puedo decir, gracias. “Explorers”, el ‘baladón’ no apto para diabéticos del disco, al menos sigue sonando a Muse y no a otro experimento fallido. Con la mejor letra de todo el disco, la más atípica de las nanas se inspira en la recién estrenada paternidad del compositor. ‘Una vez esperé buscar lo nuevo y lo desconocido, este planeta está invadido, no queda nada para ti ni para mí’. Siguiendo la estela de “Exogenesis”, Bellamy le recuerda a su hijo que ha llegado a un planeta ya devastado, pero no piensa abandonarle, en todo caso, huirán juntos. Una idea que late dentro de muchos de nuestra generación, ¿para qué traer un hijo a ESTE mundo?

Tras un respiro de sólo dos canciones, la magia se disipa cuando escuchamos a U2 en vez de a Muse. “Big Freeze”. Otra vez… El preludio perfecto para alimentar el terror a la espera de los dos temas compuestos por Wonstelholme, que se han dejado para el final, aunque no para la conclusión de la obra. Regado por su recién superado alcoholismo,  el debut como compositor del bajista de Muse sorprende. Mucho. Una preciosa balada con olor a Pink Floyd llamada “Save Me” y, atención, vuelve el rock al disco con “Liquid State”: Queens The Stone Age, Sober, Them Crooked Vultures, Biffy Clyro… ‘Golpéame cuando estoy abajo, envenéname, lléname hasta que me ahogue’. Reverencia absoluta.

Esta historia llega a su fin y lo hace de la mejor manera posible. Dos temas de nombre homónimo al disco, pero con diferente apellido, y, de nuevo, la electrónica llevando la batuta. Pero a diferencia de “Follow Me”, tanto el dubstep de “Unsustanaible” como el ambient a lo “Tubular Bells” de “Isolated”, están muy bien llevados. La plasticidad casi cinematográfica de ambos temas tiene en “Isolated” su mayor exponente: Bellamy te mece sobre las teclas del piano mientras te susurra ‘¿ves?, no ha sido tan terrible’. Este cálido aliento te sirve de bálsamo y casi se te olvidan “Madness”, “Follow Me” y la maldita “Gran Helada” made in Bono. Pero no: están ahí, siguen formando parte del disco. Ojalá algún día olvidéis ese afán de impresionar al personal y los estadios como único lugar para predicar la palabra y os dediquéis a lo vuestro. A lo que sabéis. Ya nos ganasteis hace mucho tiempo. Aunque reneguéis de ello, en este disco hay mucho de todo eso y demuestra que sigue formando parte de vosotros. ’No dejes que la magia nos abandone, seguiremos colapsados en nubes estelares de gas’.

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