My Bloody Valentine – m b v

My Bloody Valentine, m b v, album art

My Bloody Valentine

m b v

Autoeditado | Web oficial
2 de febrero, 2013
Dublín, Irlanda
Rock, Noise, Shoegaze

Artistas similares:
Slowdive | Ride | Primal Scream

9.5

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Había tantas ganas de poder hablar de este “m b v”, sucesor del atemporal “Loveless” (1991), que uno ya no sabe ni por dónde empezar. El lanzamiento de un álbum tan importante (¿el más importante en la historia reciente del pop?) abruma y ya no sólo por la forma en la que My Bloody Valentine lo han hecho.

Tras anunciar a finales del año pasado que su nuevo disco había sido terminado de grabar, muchos ni se lo creían, debido a las constantes declaraciones de un bicho raro, Kevin Shields, cerebro de la banda y abanderado mundial del shoegaze, que despejaba todos los balones que le tiraban. La desfachatez era tal que ya no sólo pareciera que jugaba al despiste, sino que se aproximaba a la tomadura de pelo. Y ese anuncio, hace ahora mes y medio, era lo único que teníamos/sabíamos de la nueva aventura de un cuarteto (ja!) que ha jugado al despiste durante muchos años con innumerables remasterizaciones de tan celebrado disco, alguna innecesaria, por cierto. Pero chicos, son 22 años, dejad de hacernos sufrir.

Sin single previo ni teaser de promoción, ni siquiera con alguna enigmática imagen, con el mayor de los hermetismos posibles, anunciaron un sábado por la noche el nombre del disco, la portada, que estaba autoproducido, y que se ponía a la venta en ese mismo instante, con una prepotencia que hacía verdadero honor a su propio legado, a su propio nombre. El colapso de su propia web, donde poder comprar las, de momento, únicas copias legales en sus diferentes formatos, fue acorde con la expectación producida. De hecho, ellos mismos se encargaron de colgar íntegro el álbum en su propio canal de YouTube, vía por la cual era la mejor (única) forma de escuchar por fin (¡POR FIN!) las nuevas canciones de los irlandeses.

Son muchísimas cosas las que hay que decir de este álbum, pero son también demasiadas críticas, innumerables reviews e ingentes cantidades de gente que siempre quiere dar su opinión intentando llamar la atención. Recordemos que no hay nada más cool y tendencioso que ir en contra de algo sabidamente popular. Así que en lugar de convertir esto en un charco de babas o, por el contrario, en un panfleto hater, intentaré hablar de lo que ha supuesto para mí este “m b v” una vez controlado tan inmenso hype. Os aseguro que, eso sí, aún no se ha ido del todo.

Hay dos cosas que me gustaría dejar claras desde el principio: uno, lo estructurado que veo el álbum, sentimiento que crece a medida que sumo escuchas; y dos, el paralelismo que le veo a todo esto con lo que hicieron Portishead en su día con “Third” (2008). “m b v” contiene tres partes bien diferenciadas, de forma intencionada o no, como si fuesen tres EP’s diferentes de un cuarto de hora cada uno, como homenajeando su propia tradición (“Ecstasy & Wine” (1989) es la suma, a pelo, de dos EP’s). La primera de ellas es, sin duda, la más continuista con la historia -no-reciente de la banda, algo que encaja de manera brillante con su pasado y que convirtió la primera escucha en sentimientos de cotas místicas. El hecho de disfrutar, por primera vez en mi vida, de material nuevo de una de mis bandas preferidas pero, esta vez sí, en el mismo momento de sacarlas (el amor hacia My Bloody Valentine me llegó, lógicamente, pasados varios años de su relativo éxito) no sabría compararlo con nada (igual en mayo, cuando los vea en directo). “She Found Now”, con sus primeros y somnolientos acordes, nos da paso a lo que ya conocíamos: reverb imposible de guitarra en primer plano, susurros al oído de una añorada Blinda Butcher y sensación general de que comienza algo importante. “Only Tomorrow” deja escuchar, por fin, la batería, mucho más necesaria aquí pues su carácter pop, aun dentro de la marcada influencia de épocas pasadas, la convierte en pegadiza hasta el punto de no querer sacártela de la cabeza y que ese extraño riff final podría durar la eternidad. Primer hito y simulación de single de este primer supuesto EP, pese a su larga duración. La que le sigue y cierra esa influencia es “Who Sees You”, una de esas canciones de sonido “roto” que entra a chorros muy al estilo “Loomer” y que nadie, pese a lo influyentes que han sido, ha sabido imitar.

A modo de colchón entre esa primera parte y lo que vendrá luego, el segundo tridente es tremendamente experimental, donde “Is This And Yes” amortigua, “If I Am” sumerge y “New You” te espabila. La primera es casi instrumental, con teclados que la acercan al barroco y que ahora cobra mucho más peso en el disco, cuando éstas antes solían jugar a modo de interludios. La segunda, la más dreampop de todas, tiene mucho de Beach House (lo deben estar flipando) pero sonando a banda de rock. Te hace levitar a medida que intentas prestar atención a qué coño suena mejor, si la guitarra en modo bucle, el ritmo trotón, o esa voz con eco que te deja comatoso. El bofetón te lo llevas con esa última parte y (vuelvo con la teoría) supuesto segundo single. “New You” fue mi primera preferida (ya se sabe cómo varía uno de gustos) del álbum, una canción con mucho de fuzz, en la misma onda de temazos como “Soon” y que nos recuerda que, al fin y al cabo, no dejaron nunca de ser una banda de pop.

Y llega el último tramo: el mejor. Aquí no hay singles; aquí lo que hay es mucha mala hostia. El futuro, esperemos, de los de Dublín pasa por estas tres últimas canciones, quince minutos por los cuales sí que ha merecido la pena tan larguísima espera. Ritmo marcial post-apocalíptico en “In Another Way”, más cercano al “XTRMNTR” (2000) de Primal Scream que a ellos mismos, un trallazo bestial imposible de clasificar, donde puedes hablar incluso de Vangelis y no quedarte corto. Esto sí suena a nuevo. “Nothing Is” es otra instrumental pero que tiende al kraut más hardcore, más veloz, más punk. Es como si mezclásemos a Can y a Sex Pistols en una sola canción que jamás podrá sonar a interludio de nada. Pildorazo para quedarse sordo bien a gusto. Pero aguanten, por favor, que aún queda una. Y vaya si merece la pena el esfuerzo, pues “Wonder 2” cierra el álbum más esperado de los últimos años de la más animal forma posible. Una intensidad sólo apreciable en un agradecido máximo volumen donde habría que buscar otro sinónimo al término reverb. Pasan, literalmente, aviones por encima de tu cabeza en una mezcla de post-rock y dream-pop (¿?) tan intenso que deja en pañales a bandas como Swans o Godspeed You! Black Emperor. Algo superior que supone el colofón a una obra maestra casi a la altura de su predecesor. El silencio que se produce tras este último corte sólo lo puede arreglar volver a ponerlo desde el principio.

Y en este punto es donde quería hablar de Portishead, al final, porque a diferencia de los de Bristol, MBV nos han enseñado de dónde vienen y hacia dónde van. En cambio, los supuestos padres del trip-hop, haciendo un brutal ejercicio de honestidad consigo mismo, prescindieron de sus propias influencias para hacer lo que realmente les dio la puta gana, sin importar un carajo a quién iban a contentar, si a un público conformista, a otros inteligentes espectadores o, simplemente, a ellos mismos. En ese sentido se podría decir que My Bloody Valentine han jugado a arriesgar menos que ellos, intentando dejar contentos tanto a unos como a otros, eso sí, con la excusa de que, supuestamente, este “m b v” parte de las grabaciones que el señor Shields tenía preparadas tras “Loveless”. Nunca sabremos, pues, cuánto hay de nuevo y cuánto de antiguo en este álbum. El caso es que eso es lo de menos, pues al final lo que cuentan son las canciones, y ambas bandas van (e irán) siempre sobradas. La prueba son estos dos pedazo de álbumes que han sabido editar, cada cual haciendo lo que han creído oportuno. Y que cada uno saque sus propias conclusiones. Yo sólo espero que no vuelvan a pasar tantos años entre un disco y otro, pues tanto Portishead como My Bloody Valentine han dejado claro que, pasen los años que pasen, son bandas que podrían haber aparecido en cualquier momento de la historia de la música popular. Tenemos la suerte de poder vivirlos en el presente. Haciendo historia. Gracias por volver.

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