Sidonie – El Fluido García

Sidonie

El Fluido García

Sony Music | Web oficial
3 de noviembre, 2011
Barcelona, España
Rock Psicodélico, Indie Pop

Artistas similares:
Maga | Dorian | Napoleon Solo

5.0

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“El Fluido García” es el retorno de Sidonie a las raíces más profundas de su música y sus influencias. Cuando abres la caja del disco, debería oler a vinilo, a ácido, a la India y que en tu cabeza se agolparan miles de flashes de colores como si de un buen viaje de LSD se tratara.

Rock and roll y psicodelia. No hay más en este disco de Sidonie. Bueno, si, hay muy buenas letras. Y muy buenas composiciones. Y hay mucho de George Harrison, y bien puede invitarnos a pasear por el Londres más mod mientras suenan sus canciones. Y es que probablemente estemos ante uno de los discos del año en el panorama indie nacional.

El disco abre con un pelotazo psicotrópico con ligeros toques de los Kinks, “El Bosque”, donde los wah-wah, los aullidos y las guitarras se multiplican en una sinfonía de efectos de pedalera de guitarra que nos hace volar y que hace que la canción termine en una especie de “jam” con cambio de ritmo incluida.

Seguimos avanzando con lo que mejor sabe hacer Sidonie. Canciones con estribillos imposibles de despegar de tus oídos una vez los has escuchado. La más relajada “A Mil Años Luz”, seguida de “Carnaval” son una clara muestra de esos estribillos. Las guitarras siguen sonando cargadas de brillo y toques que nos hacen pensar en los momentos más lisérgicos de los lejanos 70. “Alma De Goma” guarda alguna similitud con las canciones de su último disco, “El Incendio”, buscando así una referencia para aquellos que nos reencontramos con Sidonie en este disco.

Con “Negroni” vuelven los toques de sitar. Acompañados de unas guitarras con el fuzz disparando como si de un ataque a la integridad musical de los componentes de Sidonie se tratara. Es una invitación en toda regla, Sidonie te desafían a que intentes no bailar con semejante trallazo de rock puro, que bien podría estar tocado a manos de Ray Davies y sus Kinks (de nuevo presentes en esta review). Esta canción es la sorpresa del disco. Totalmente indispensable en este año que toca a su fin.

“El Aullido” nos sumerge de nuevo por campos eléctricos con un tono bastante más relajado que el resto del disco y nos prepara para la siguiente canción. Una epopeya musical de casi 8 minutos llamada “Bajo Un Cielo Azul (De Papel Celofán)”. Dividida en cuatro partes, la primera se nos presenta con unas armonías vocales al más puro estilo de los Beach Boys, que sigue con un medio tiempo donde las voces siguen jugando un papel fundamental, como viene siendo notable a lo largo de todo el disco.

“Tormenta De Verano” es la canción más Sidonie de todo el disco. Suena a sus primeros discos en inglés, suena a guitarras crudas y ásperas, a esa psicodelia que siempre estuvo presente en el trasfondo de las composiciones de los catalanes. Y si todo eso lo rematas con un estribillo fácil, destinado al directo, tienes la fórmula casi perfecta.

“La Huida” vuelve a traernos ese sonido Kinks que tiene este disco. Rasgueos de guitarra que acompañan a las melodías vocales limpias. “Perros” podría convertirse en un favorito inmediato. Un homenaje a los años de excelencia de Carnaby Street, antiguo templo de aquella sociedad y estética mod que tanto adora Sidonie. “No Mires Atrás” es el broche final a este disco. No sabemos si es algo intencionado dejar esta canción para cerrar, pero de nuevo volvemos a encontrarnos un estribillo muy característico de Sidonie y una despedida del disco con las guitarras en un “fade-out” que nos devuelve a aquella frase que dice “Bajo un Cielo azul” y a unas armonías vocales que vuelven para despedir el álbum dejándonos una sensación auditiva de creer que estamos soñando.

Sidonie han vuelto a hacer lo que nunca habían dejado de hacer, pero sí habían camuflado de alguna manera. La psicodelia está presente en cada segundo de este “El Fluido García” y se les agradece de corazón. Han creado un disco directo, crudo, pero plagado de flores de celofán y cielos de mermelada. Un disco que bien podría quedar como el homenaje no intencionado a los diez años que hace que George Harrison, un apasionado de este estilo musical, nos dejó.

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