The Doors – L.A. Woman (40th anniversary)

Mirad, me parece una mierda. No creo que el mundo quiera escucharlo, es la primera vez que me aburro en un estudio de grabación. Me quiero ir a mi casa a dormir, las tensiones entre vosotros son descomunales. Éste es vuestro disco. Es el disco que vosotros queréis. Así que mejor os buscáis la vida. ¿Por qué no lo producís vosotros mismos? Yo lo dejo”.

Paul A. Rothchild había sido el productor de los cinco álbumes de estudio de The Doors, sumado al grandes éxitos 13 y al recopilatorio de directos Absolutely Live. Metódico, perfeccionista y exigente, se bajó del barco en los albores del adiós definitivo de una de las bandas más grandes de la historia. Pensar en una tragedia peor a The Soft Parade no es descabellado tras escuchar a Rothchild. Irónicamente, L.A. Woman está considerado uno de los mejores discos de The Doors, si no el mejor. Una de dos, o Rothchild tenía el día cruzado o los chicos pulieron los temas de lo lindo. Personalmente, me gustaría tener una máquina del tiempo, entrar a hurtadillas en el estudio y escuchar lo que tocaron aquel día delante de su decepcionado, más bien hastiado, productor. ¿Cómo tenía que ser esa primera versión de ‘Riders On The Storm’ para que Rothchild la calificara de ‘música de cocktail’?

La carrera de The Doors fue corta e intensa, reflejo de la propia vida de Jim Morrison, que a los 27 años parecía tener 50. En aquella última etapa se concentraba en escapar de la fama, del star system y de ser una simple cara bonita. Curioso en un tipo que en su adolescencia ya se había leído toda la bibliografía de Nietzsche. L.A. Woman fue el tramo final en aquel ascenso de caída inevitable. Se fraguó durante los días previos al juicio en Miami del que Morrison salió escaldado: fue condenado a seis meses de cárcel y a dos años y medio de libertad vigilada por escándalo público tras el famoso episodio en el que, en pleno escenario, supuestamente se la sacó delante de miles de espectadores y luego le simuló una mamada a Robbie Krieger. Prisionero de sí mismo, Morrison quería volver atrás y vivir la vida del ‘artista tranquilo’, pero ya era demasiado tarde. Todos estos anhelos se reflejan en el disco más personal de The Doors, que produjeron ellos mismos: su local de ensayo se convirtió en un estudio improvisado de donde salieron diez temas de una gran madurez. Poco importa en el plano creativo que John (Desmore) quisiera matar a Jim desde hacía años, que Robbie (Krieger) gustosamente le hubiera dado el hacha para hacerlo o que Ray (Manzarek) se hubiera cansado de defender lo indefendible. De The Doors nos queda un maravilloso legado de música que culmina con L.A. Woman.

Fue en abril de 2011 cuando este disco, que alcanzó el puesto 362 de los 500 mejores discos de todos los tiempos según Rolling Stone en 2003, celebró su 40º cumpleaños; al igual que, el 3 de julio, se cumplieron cuatro décadas de la muerte de Jim Morrison. Sin embargo, el lanzamiento de la reedición de L.A. Woman se ha hecho de rogar casi un año. Ha merecido la pena. Y lo ha hecho porque a la ya manida y evidente versión remasterizada se une un segundo disco de versiones alterativas que, en varias ocasiones, superan a las definitivas. ¿Hablaba antes de viajar al pasado? Con esta reedición en cierta medida lo haces: se pueden oír las voces de los cuatro en el estudio, como Jim se equivoca y tiene que volver a empezar, los clásicos parones o las risas de un Morrison que parece estar disfrutando como no lo ha hecho nunca en su vida dentro de un estudio. A las siete versiones alternativas se le une un tema inédito, ‘She Smells So Nice y otro tema adicional que ya conocíamos, ‘Rock Me’.

Habitualmente se dice de este disco que es el único de toda su carrera esencialmente blusero. Esto no es del todo cierto: desde sus inicios The Doors ya coqueteaban con este género, como demuestran en su álbum debut con una de sus pocas covers, ‘Back Door Man’ o con la hipersexual ‘Roadhouse Blues’ de Morrison Hotel. Asimismo, se cae en la exageración si se dice que todo L.A. Woman es blues, en el disco también hay hueco para el pop -‘Love Her Madly’-, para el sonido puro The Doors, aunque evolucionado hacia un área más experimental, -‘L’America’, ‘Hyacinth House’- y, por supuesto, para la genial y jazzistica ‘Riders On The Storm’.

El sonido The Doors, caracterizado por ese órgano hipnótico ‘made in Manzarek’ que parece haberse atiborrado de ácido, se diluye en una densa, armónica y sensual guitarra que baila al son de un sonido de bajo profundo y una paciente batería. El ejemplo más claro lo tenemos en ‘Car Hiss By My Window’, uno de los mejores temas de L.A. Woman. Jim Morrison es capaz de dejar su impronta aun en parcelas que no le son propias, como es el caso del solo de guitarra, que se lo roba a Krieger para hacerlo el mismo con su voz. “So let’s walk in blues”, oímos que dice -¿Morrison?- antes de comenzar el tema en la versión alternativa. No podía haberlo definido mejor. Curiosamente, ese aire jam que se respira en las nuevas versiones inéditas no está tan presente en el caso de ‘Car Hiss By My Window’, menos experimental que la definitiva y sin ‘la voz de Jim a la guitarra’. Lo mismo ocurre con otros de los temas esencialmente bluseros como son ‘WASP (Texas Radio And The Big Beat)’, ‘Been Down So Long’ o la versión ‘Crawling King Snake’. Su propio género se presta más a la improvisación y la diferencia apenas es reseñable.

Del blues más puro pasamos al tema que inmortaliza el disco: ‘Riders On The Storm’. Una canción de despedida que en esencia aúna todo lo que The Doors significó durante sus cinco años de vida. Tanto fue así, que no podía faltar la siempre inherente polémica: hubo quien se quiso echar encima de Morrison -una vez más- por esta canción. En esta ocasión, por hacer apología de un asesino en serie. Todavía hay quien sostiene que ese “There’s a killer on the road” iba referido a Charles Manson. En realidad, la letra es completamente autobiográfica e introspectiva. Un vistazo al complicado mundo interior del cantante, musicalmente más de lado del jazz y con un halo de misterio que se materializa en los efectos de tormenta que Manzarek incluyó con su Fender. La versión alternativa nos regala una introducción con Jim Morrison cantando una pequeña pieza y el comienzo se alarga hasta que suman los efectos de lluvia, incluso escuchamos a Jim imitar el sonido de los truenos con la boca… ‘damos paso a…’, la canción comienza. Quizá haya momentos en los que la voz no quede perfecta, quizá el solo instrumental que desemboca en el final se alargue en exceso y quizá los arreglos sean menos complejos que en la definitiva, pero esta pieza es una reliquia por la que hay que dar gracias de que no siguiera cogiendo polvo en los archivos de Elektra.

Mr. Mojo Raising se presenta en la canción que bautiza el disco. Morrison se la dedica a Los Ángeles, la ciudad que vive de noche, y de paso deja la tarjeta de visita en código de su alter ego (Mr. Mojo Rising es un anagrama de Jim Morrison). L.A. Woman’ es uno de los claros ejemplos en los que, a mi juicio, la variante alternativa gana. La mayor libertad de movimiento quizá sea la clave. Menos metódica, más caótica, acompaña mucho mejor esta oda a la ciudad que nunca duerme. Lo mismo ocurre con ‘Love Her Madly’, la canción firmada por Robbie Krieger y la más comercial del disco. La discográfica la escogió como primer single por esa razón y la decisión fue de todo menos acertada: a mi juicio, es una de las peores canciones del disco y dista mucho de representarlo. Ese tono bailarín y alegre se aleja del tempo melancólico de L.A Woman en su totalidad. Pero en la variante incluida en el disco dos suaviza su cadencia comercial simplemente por no estar pulida.

Terminamos con el supuesto regalo del disco, la canción inédita She Smell So Nice’. Fue el anticipo a este disco y al igual que ‘Love Her Madly’ representa la parte más happy del disco. No es que sea una canción mala, es que si se compara con el resto el betún le queda lejos. No es de extrañar que quedara fuera como tampoco lo es que fuera filtrada antes del lanzamiento del disco. Las verdaderas joyas se encuentran dentro. Poco más que decir, L.A. Woman lleva desde 1971 siendo un disco completamente indispensable y esta reedición aderezada con sus siete ‘frikadas’ lo es aún más si cabe. Hasta el siguiente aniversario, Rey Lagarto, aunque estar a la altura de éste estará difícil.

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