The Mars Volta – Noctourniquet

The Mars Volta

La obsesión por evolucionar puede ser un arma de doble filo. La cosa puede salir bien o puede salir mal. En el caso de The Mars Volta y su Noctourniquet la balanza se inclina más hacia el Lado Oscuro. Y no en el buen sentido del término. Los de Texas estrenan su esperado sexto álbum de estudio, tras el magnífico Octahedron lanzado en 2009. Un disco muy heterogéneo y que, muy a mi pesar, tiene más sombras que luces.

Siempre conceptuales, siempre del lado de la más pura fusión, capaces de pasar del rock progresivo, al krautrock y de coquetear con ritmos latinos, The Mars Volta tenían hasta la fecha cinco obras maestras. Una medalla que no puede llevar Noctourniquet. Tampoco es que lo intente. El disco abre con ‘The Whip Hand’ y la tragedia comienza a mascarse desde los primeros compases. ¿Qué es esto? ¿Una copia mala del más electrónico Marilyn Manson? La melodía se sacrifica en este primer tema y, en general, en la mayor parte del disco. Pero lo peor no es eso, lo peor es que los temas más puramente Volta se antojan planos, sin gancho y sin mucho que aportar. La primera escucha de este sexto disco te deja completamente frío y, para no admitir el desastre, te autoconvences de que quizá sea de esos álbumes complicados que precisan de más de una escucha, de dos, tres e, incluso, cinco para apreciarlos. Pero no, no es el caso de Noctourniquet.

Que no se malinterprete mi generosa sarta de dardos envenenados. No es que The Mars Volta hayan parido una mierda de disco con mayúsculas. El problema es que cuando un grupo te tiene muy bien acostumbrado, un trabajo mínimamente mediocre se convierte rápidamente en decepción. Por supuesto que Noctourniquet tiene sus luces, siendo la más luminosa la que bautiza el álbum. El problema es que para llegar a este caramelo antes tenemos que pasar por un buen puñado de temas caóticos e insustanciales, comenzando por el ya mencionado ‘The Whip Hand’ y siguiendo por ‘Aegis’ que, si bien intenta recuperar el más puro sonido Volta, se queda como mucho en el tercer escalón habiendo diez. La cosa mejora con ‘Dyslexicon’: aunque el tema no acaba de convencer por completo, se distingue de los dos anteriores con la experimental, y esta vez acertada, guitarra de Omar Rodríguez-López como principal protagonista. ‘Empty Vessels Make The Loudest Sound’ es una reminiscencia al genial Octahedron y lo recibes con una sonrisa en la boca. Más melódica, con esta canción tenemos la misma sensación que con ‘Dyslexicon’, sí, es buena, pero no llega.

La acidez de estómago regresa con ‘The Makin Jewel’. No me esperaba que una mala versión de Jack White se colara en la fiesta de Rodríguez y los suyos. Si algo ha caracterizado siempre a The Mars Volta es que pueden enfermar con los sonidos experimentales y tirar de la improvisación más propia de un directo en sus temas de estudio: una virtud que parecen haber perdido con la quinta canción de Noctourniquet. Llegados a este punto, te sobreviene una angustiosa pereza de seguir escuchando el disco. Tanto como a mí de desgranar canción a canción este álbum. El denominador común presentado con ‘The Whip Hand’ sigue su camino por este tortuoso laberinto que acusa falta de oxígeno: más electrónica, más sintetizadores, poca armonía melódica, temas abruptos e irregulares… Parece que los de Marte se han pasado de vueltas en el estudio (o en el desierto con el peyote) y han vomitado una paranoia que bien podría haberse quedado en demo. El naufragio lo salvan ‘Zed And Two Naughts’ y, sobretodo ‘Noctourniquet’; quizá ‘Vedamalady’ y ‘Molochwalker’ también podría echar un cable al resto, siempre y cuando no lleguemos al estribillo…

Decir que este sexto disco de The Mars Volta no va a convencer a nadie puede que sea hablar muy alto. Tirando de tópico: para gustos, colores. Entre los seguidores habituales habrá quien se encomiende a la familia de los tejanos, habrá quien lo defienda y habrá a quien le parezca una maravilla. Cuando Kid A llegó a nuestras manos en los albores del siglo XXI, Radiohead murieron para muchos. Para otros nacieron. Para otros simplemente evolucionaron. Si bien este disco no huele ni el betún del de los británicos, se podría decir que Noctourniquet es el Kid A de estos marcianos.

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