The School – Wasting Away And Wondering

The School, "Wasting Away And Wondering" (2015), album art, 500px

The School

Wasting Away And Wondering

Elefant | Web oficial

4 de septiembre, 2015
Cardiff, Gales, Reino Unido
Indie, Pop, Soul

Puedes escucharlo:
Spotify | Deezer


Supongamos que una mañana te levantas siendo Phil, el desdichado protagonista de “Atrapado en el tiempo”. Supongamos también que en vez de una laboriosa jornada de trabajo en una fría aldea nevada, puedes vivir atrapado en una misma década. Viajemos, por ejemplo, a noviembre de 1964. Pones la radio y suena “Leader of the pack”, de The Shangri-Las. El pop femenino encabeza las listas de todas las emisoras del mundo, desde Londres hasta Nueva York, pasando por París. Si te lo has imaginado ya estás preparado. Ahora puedes escuchar “Wasting Away And Wondering”, el tercer trabajo de los galeses The School.

Al igual que el personaje que encarnó el entrañable Bill Murray, los ocho Cardiff, liderados por su vocalista Liz Hunt, han sabido sacar provecho al hecho de permanecer atrapados en una década que, por mucho tiempo que transcurra, siempre será una influencia imposible de esquivar. Si hoy en día se dice que los noventa están volviendo, es innegable que los sesenta siempre estuvieron ahí. Si no te has dado cuenta, The School te lo recuerdan con cada uno de los once cortes, más un interludio, que conforman un compacto tan añejo como redondo.

Desde la jovial y desenfadada “Every Day” hasta la pegajosa “My Arms, They Feel Like Nothing”, el repertorio exhala una frescura retro. Canciones redondas como “Til You Belong Me”, “Do I Love You?” o “Put Your Hand In Mine” se ofrecen para rehabilitar corazones rotos, superando amargos tragos que todos padecemos en esa eterna adolescencia en la que a menudo nos sentimos atrapados.

El doo wop y el soul de The Ronettes, Ellie Greenwich o Amelia Fletcher, se entremezcla con el indie pop noventero de Belle & Sebastian, Camera Obscura o The Aislers Set, para capturar una secuencia atemporal que derrocha optimismo ora inocuo, ora reparador. Una fiesta a la que todo el mundo está invitado. Un guateque para soltar la melancolía por un pasado que, al fin y al cabo, nos permite ver el futuro. Hagan caso a la marmota.

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