Wilco – The Whole Love

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Wilco

The Whole Love

dBpm RecordsAnti-| Web oficial
27 de septiembre, 2011
Chicago, Illinois, Estados Unidos
Rock, Country, Folk Rock

Artistas similares:
Uncle Tupelo | Bill Callahan | My Morning Jacket

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Hay que mirar tan atrás para entender a esta súper banda que da hasta pereza. El día que lo dejen va a ser lo más parecido a los Beatles de nuestra época, tanto por prensa como por público: Wilco le gusta a –casi- todo el mundo. No es sólo el típico grupo del que se puede decir eso de “no tienen un disco malo”, sino que antes de este “The Whole Love” tenían cinco imprescindibles (de siete álbumes). Ahora tienen seis.

Jeff Tweddy, personaje con carácter, formó Uncle Tupelo junto a Jay Farmar (otro que tal baila, ahora en Son Volt) para cambiar la historia del country a finales de los ‘80. Clase obrera de un pueblo de Illinois, todos con camisas de cuadros y bares de cerveza, como en las pelis: exacto, hay que tener carácter para desmarcarse de semejante panorama. Pese al poco éxito comercial del principio se convirtieron en la referencia americana del country alternativo por mezclar en su estilo musical el punk y la instrumentación más variada.

Divididos (y enfadados, claro) ya en dos bandas, Tweddy con prisas saca el primer disco de Wilco, “A.M.” (1995), una verdadera continuación de aquella formación, ahora más cómoda en el sonido americana. Para el inminente “Being There” (1996) fichan a Jay Bennett. Dios los cría y ellos se juntan. Comienza el verdadero legado de los de Chicago, porque los tres discos que graban sólo se van mejorando sucesivamente: el segundo, “Summerteeth” (1999) supuso un reconocimiento comercial y la gente ya hablaba de ellos; para el tercero, “Yankee Hotel Foxtrot” (2002), la gente ya no hablaba de otros.

Pero claro, mucho estaba durando esa amistad, así que el enfadón líder decide echar a Bennett para grabar el siguiente “A Ghost Is Born” (2004 y, para un servidor, tercer mejor disco de aquella década). Todo hacía indicar que iba a ser imposible mejorar el –aún para muchos mejor disco de Wilco– anterior, pero contra todo pronóstico, y con la ayuda de Jim O’Rourke, graban un disco diferente, raro, una especie de caras B, un disco que te hacía poner cara de asco al principio… pero que cada vez que lo oías te gustaba más. Era como si hubiesen cogido el “Yankee Hotel Foxtrot” y le hubiesen dado un baño de LSD. Siguiendo el ácido símil, “A Ghost Is Born es el Sgt. Peppers” (1967) de The Beatles. Mezcla tanto preciosidades pop de piano y voz como lluvias eléctricas sin compasión, krautrock junto a improvisadas guitarras, baterías trotonas junto a riffs rock… espectacular.

Tanto gustó la espontánea aportación de O’Rourke, que para la siguiente época (ésta en la que estamos) deciden fichar a Nels Cline, un multiinstrumentista salido de la nada, que, desde que milita aquí, está considerado uno de los mejores guitarristas (si no el mejor) de nuestro tiempo. A ver lo que dura. Ahora Tweddy ha dejado de automedicarse de tanta jaqueca e ida de olla, le dedica tiempo a su familia, no echa a miembros de la banda, etc… lo típico. “Sky, Blue Sky” (2007) supone un bajón, que aun siendo un buen disco (tarjeta de presentación made in Cline: “Impossible Germany”) le precedían dos joyas únicas. Suben el listón con “Wilco (The Album)” (2009), pero es el “The Whole Love” que nos ocupa el que los vuelve a poner en lo más alto.

De la introductoria “Art Of Almost” no hablamos porque ya se habrá dicho de todo. Es perfecta. El atípico single “I Might”, una canción en la que los seis miembros se van enchufando uno a uno, gana en cada escucha, sobre todo gracias a ese psicodélico teclado. El baladón in-crescendo “Sunloathe” da paso a lo que podría ser otro single, “Dawned On Me”. Pero es “Black Moon” esa canción que te pone derecho, la que te dice que esto va en serio. Impresionante medio tiempo con acústica y slide guitar de fondo. “Born Alone” sigue con el rollo happy que tan bien (también) se les da, más que nada porque la mezclan con el señor Cline y su hard-rock-guitar. Y hablando de slide, llega la más country del disco, la preciosa “Open Mind”, todo un homenaje a esa otra época de la que deberían estar orgullosos. “Capitol City” me recuerda a “Hummingbird”, con lo que eso supone, por su rollito desenfadado y cabaretero. Luego se enchufan en el rock de estadio con la magnífica y llena “Standing O”. y digo llena porque es este tipo de canción la que justifica que sean seis componentes: se les oye a todos. La preciosa canción que da nombre al disco podría cerrar el disco de forma redonda, pero es que han acertado a poner “One Sunday Morning” (doce minutos con los que están abriendo los conciertos de la actual gira) para dejarte con la boca abierta con esa combinación de guitarras acústicas, piano y voz que sólo ellos saben hacer. Hay gente que dice que es larga. A mí se me hace corta. Como todo el disco. Quiero más de Wilco, ahora que han vuelto a la cima. Y que no bajen nunca.

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