Wild Beasts – Present Tense

Wild Beasts

Present Tense

Domino Records | Web oficial
24 de febrero, 2014
Kendal, Inglaterra, Reino Unido
Pop, Synth Pop, New Wave

Artistas similares:
Grizzly Bear | Dirty Projectors | Antony

Puedes escucharlo:
Spotify | Deezer


Cuarto disco ya de Wild Beasts, ese cuarteto británico de indie-pop extraño, a medio camino entre lo barroco y la new-wave. Parece que fue ayer cuando los vimos nacer con el espectacular “Limbo, Panto” (2008). Pero es que no han hecho otra cosa que crecer desde entonces.

Su debut sorprendió a propios y a extraños con esa teatralidad y mezcla de músicas que llevaba más lejos las propuestas de Grizzly Bear o Dirty Projectors. Y no digo mejores que éstos; digo que apuntan en más direcciones. Siempre han sido sus grandes rivales (junto a Antony Hegarty por las obvias comparaciones de un Hayden Thorpe que usa el falsete a su antojo), pero no los únicos, pues hubo un sector de la crítica que los quiso emparentar a otras bandas como Foals sin enterarse de qué iba la cosa. Esto es pop, y del más recargado y rimbombante posible, pero siempre jugando a no salirse de los márgenes de la delicadeza. Es tan fácil meter la pata que parece mentira que supieran subir el listón con el siguiente “Two Dancers” (2009) y mantenerlo en “Smother” (2011), dos joyas de discos.

Este “Present Tense” comienza de forma parecida a su último trabajo, intentando emocionar desde el primer corte, llevándote a su terreno para empezar a desnudarte. Sin preliminares. En aquella ocasión era la preciosa “Lion’s Share”, pero esta vez es la contundencia de “Wanderlust”, algo que satura con belleza, ritmo y sintetizadores, y que se acaba evaporando en la máxima y moderna expresión de elegancia. Siguiendo con los techos artísticos de toda su carrera, en este nuevo álbum también están: “Mecca”, una pseudo-balada extremadamente frágil y pulida hasta la gloria absoluta; “Sweet Sport”, algo así como un single “marca de la casa” con el que cualquier otra banda se pegaría la hostia; y la nueva versión de Wild Beasts en “A Dog’s Life” y sus enigmáticos silencios (hay algunos más repartidos por el disco entero). Sigue habiendo mucho donde rascar en la otra mitad del álbum, como el siempre recurrido tropicalismo de “Past Perfect” y “Nature Boy”, o la sencillez de “A Simple Beautiful Truth”, pero también es cierto que igual algún tema no está a la altura.

Queda la sensación final de que, por muy poco, no es su mejor álbum (“Two Dancers” es la puta magia), pero sí la de que son mejores músicos a cada intento. Existen detalles que obligan a pensar que todavía tienen margen de mejora.