Woodkid – The Golden Age

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Woodkid

The Golden Age

Green United Music | Web oficial
18 de marzo, 2013
Reims, Francia
Indie, Alternativo, Folk

Artistas similares:
Daughter | Efterklang | Alt-J

7.5

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Dos años llevamos escuchando su más famoso tema a lo largo de películas, series e incluso anuncios de videojuegos. Sobrecoge lo épico que pueden parecer treinta segundos de imágenes renderizadas con “Iron” sonando de fondo. Parece que imprime caracter y veracidad a lo que estamos viendo. Y no penséis que la grandilocuencia de Woodkid se queda ahí. Es capaz de repetir ese tipo de sentimientos a lo largo de catorce canciones, las que componen su estreno en las grabaciones de larga duración.

Hay que advertir al oyente, no es un disco al uso. No sabría otorgarle un lugar en una estantería de discos, pues pasa de la música clásica al rock y regresa hacia el folk más arraigado. Eso sí, el disco posee uno de los mejores entramados sonoros que he escuchado en mucho tiempo. El tímido piano que da la bienvenida a “The Golden Age” es capaz de poner el vello de punta al más duro de los mortales. Y si a eso le sumas los violines y la cálida voz de Lemoine, puedes tocar el cielo con las manos y sentir que realmente estás viviendo un momento irrepetible. Pero ahí no para el asombro, porque unas trompetas y un repicar de baquetas completan más si cabe esa mezcolanza sonora que sin saber cómo te tiene atrapado. Suerte que “Run Boy Run” y sus campanas de inicio te despiertan y te lanzan a un frenético tema que late al ritmo de una percusión casi de plástico.

El disco sigue avanzando por los mismos derroteros, tanto vocales como instrumentales en “The Great Escape” y “Boat Song”. Los tonos menos oscuros asoman de la garganta de Lemoine en “I Love You” en una de las canciones con más luz del disco. Tal vez este brillo sea debido al triste contenido de la letra relacionado con la falta de amor. “The Shore” suena a canción intimista, casi desnuda al piano hasta unos segundos antes de terminar. Con “Ghost Lights” vuelven las percusiones, elemento referencial en el sonido de Woodkid. Y a mitad de disco, sigo boquiabierto ante la fuerza implícita en el sonido de su música.

La instrumental y casi ceremonial “Shadows” da paso a “Stabat Mater”. Con un título así de religioso, los coros casi operísticos de la canción la convierten en una maravillosa pieza litúrgica, digna de ser escuchada en una catedral con un impresionante órgano haciendo retumbar las vidrieras. Una vez más, la mezcla que se antojaba difícil resulta en una genialidad de Woodkid. En el lado totalmente opuesto estaría la muy comercial “Conquest Of Spaces”. Y digo muy comercial porque es con seguridad la canción más accesible del disco, no como “Falling” que es una sucesión de sonidos inconexos que sólo sirve para desconectar del ambiente épico en el que nos sume el álbum.

En “Where I Live” de nuevo encontramos el vehículo perfecto para el lucimiento de la voz de Lemoine, aunque durante el tercio final de la canción esté muy bien acompañado por los instrumentos de viento. Y además tiene la difícil papeleta de sonar antes del gran tema del disco, el que hizo que los focos centrasen su atención en este músico francés. Ese tema es “Iron” y no hace falta decir algo que todos sabemos, es un temazo imprescindible que perdurará en el tiempo. El broche final del disco lo pone “The Other Side” con sus acordes funerarios y una despedida a base de redobles de tambor, como si observaramos en la lejanía como la música se marcha hacia el patíbulo.

Queda claro que ante la imposibilidad de establecer una clasificación para la música de Woodkid simplemente podemos alegrarnos de escuchar un debut de tan alta calidad. Realmente es digno de alabanza que sea capaz de juntar en sus canciones elementos de la música clasica con percusiones que casi podrían pertenecer al drum’n’bass y que no sólo no chirríe a nuestros oídos, sino que nos encontremos ante la necesidad de escucharlo una y otra vez. Viva el músico, el director, el artista. Larga vida a Woodkid, el moderno hombre renacentista.

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