La Música Cuenta Historias (Volumen 3) – Ziggy Stardust

Atemporal es la primera palabra que se viene a la cabeza cuando se trata de hablar de “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars”. Clásico, necesario, incluso imprescindible, fue el disco seminal del glam rock y el mayor éxito de David Bowie.

El álbum narra la historia de Ziggy Stardust, un extraterrestre bisexual de imagen andrógina que se convierte en estrella del rock. Este personaje fue el primer álter ego que adoptó Bowie en su carrera. El propósito que tuvo el británico al concebir el personaje fue adaptar el concepto de los musicales de Broadway al rock, creando una estrella prefabricada que aunara elementos de ambos géneros.

Musicalmente, el disco marcó una diferencia con el rock que predominaba a finales de los 60 y principios de los 70 basado en canciones con desarrollos largos y solos de guitarra, recibiendo en cambio influencias de otros grupos que Bowie admiraba como T. Rex, The Stooges y The Velvet Underground. Las guitarras ganaban en dinamismo y servían de apoyo al mayor dramatismo vocal del que hacía gala Bowie. El disco comienza con Ziggy revelando a los habitantes de La Tierra que sólo quedan cinco años para que su planeta desaparezca, tras lo que decide convertirse en un «mesías rock» para salvarlo de la destrucción. Finalmente termina por abandonar sus objetivos y siendo víctima de su propio éxito.

Y para ser honesto, jamás podré escribir una mejor conclusión sobre este disco que la que hizo Alejandra en ésta misma web con motivo del 40 aniversario del disco. Es por ello que me sirvo de ella para colocar el punto final a esta entrega de “La Música Cuenta Historias”.

Caer en los tópicos se antoja fácil, pero es imposible no decir que esta obra maestra forma parte, según mitología, del Olimpo de los Discos, del Asgard de los Álbumes o del Cielo de la Música. Tras cuarenta años, hoy escuchas “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” y ves que no ha perdido ni un ápice de frescura y de realidad. Es un disco del ayer, del hoy y del mañana. Un álbum atemporal que nunca puede morir. Bowie fue un visionario a través de esos ojos de pupilas dispares fruto de una pelea por amor. El romanticismo es una de las claves de este LP, culmen del glam rock, y una nostalgia infinita se apodera de ti cuando lo escuchas caminando una noche de verano sintiendo el asfalto arder bajo tus pies. Te hace sentir vivo y a la vez te recuerda, sin piedad, que ya no se hacen discos como éste. Porque viendo a Ziggy sobre el escenario te das cuenta que ese suicidio del rock n’ roll nació como la mayor de las farsas y se convirtió en la mayor de las verdades: la humanidad corre imparable hacia el fracaso, hacia la caída. La redención en forma de legado sólo está al alcance de unos pocos elegidos y Ziggy está entre ellos.”

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