American Noir

El otro día pusieron “La Dalia Negra” y, valientemente, la vi. Es una película basada en la obra de James Ellroy (“L.A. Confidential”) dirigida por Brian De Palma, responsable, a su vez, de “Los Intocables de Eliot Ness”.

Ambas películas, de supuesto cine negro, se ambientan en la primera mitad del siglo pasado, una en Los Ángeles, la otra en Chicago; una desarrolla el caso policial de un asesino en serie; la otra se centra en un inspector federal y su pandilla haciendo frente a la corrupción de Al Capone en el marco de la ley seca estadounidense de los años 30. Una es una mierda integral, la otra es una buena película (sin volvernos locos) con un par de escenas memorables. La culpa de que tengamos tan buen recuerdo de la de Kevin Costner es, precisamente, porque el reparto de actores es cojonudo. El propio Costner se lo curra, justo en aquella época en que todas sus pelis parecían buenas; Sean Connery está tremendo en ese estereotipado papel de veterano campechano; Robert De Niro es, simplemente, dios; Andy García daba total credibilidad interpretando al impulsivo novato; y Charles Martin Smith era el contrapunto ideal a tanta seriedad. Por si fuera poco, la película hacía gala de una banda sonora que no podía encajar mejor con lo visual, como todo lo que ha hecho Ennio Morricone en su vida.

Ahora bien, “La Dalia Negra”, en cambio, no hay por dónde cogerla, ni siquiera por el mero hecho de contar con la irrepetible Hilary Swank. Ni ella se puede lucir en la película, aun siendo, junto al carismático Aaron Heckhart, lo único rescatable. A Scarlett Johansson la escogieron por su cara bonita en el papel más anodino de toda su carrera, pero lo realmente grave (ahora sí que me pongo serio) es la elección de uno de los peores actores que han pasado por Hollywood para asignarle, nada menos, que el papel protagonista. La cara de “me da el sol en la cara y por eso pongo ojos achinados” de Josh Harnett no se la cree ni su puta madre. Responsabilidad del propio Brian De Palma, del director de casting, o de quien sea, cederle el protagonismo a esa persona es un mayúsculo insulto por el que no voy a volver a pasar. Ingenuo de mí, que vio “cine negro” en la descripción y pasé por alto semejante atentado a la razón. Nota mental: no ver una sola película más de ese mindundi destroza-películas.

Ni nominación a “Mejor Fotografía” en los mugrientos premios Oscar, ni nada. Independientemente de su protagonista, y aun sin haber leído la novela, el filme es torpe hasta decir basta, aburrido hasta el infinito y con un inexistente ritmo que hace preguntarte qué mierdas me quieren contar con semejante coñazo. El propio Ellroy debe seguir flipando con la mierda que han hecho de su obra, sobre todo cuando otros fueron capaces de legar su historia con la sobresaliente “L.A. Confidential”, y se preguntará a quién cojones poder cederle otra novela suya para que la conviertan en película.

Llegados a este punto, pienso hablar de videojuegos. Sí, de putos videojuegos bien hechos y que en valores de producción, hoy en día, muchos de ellos se mean en toda la industria cinematográfica. El caso de “L.A. Noire” (2011), dirigido por Brendan McNamara y desarrollado por Team Bondi para Rockstar (saga “Grand Theft Auto”), es especial y me viene al pelo. No sólo está basado en investigadores de asesinos en serie y en esa misma época concreta en Los Ángeles, sino que el exquisito gusto con el que los desarrolladores nos dejan en manos de Cole Phelps, buscando pruebas en las escenas de los crímenes, interrogando a todo sospechoso y hasta cagándola (la fama se le sube a la cabeza a cualquiera), deja en pañales a la gran mayoría de películas del género. Hasta la banda sonora es un jodido escándalo (pincha en el vídeo de abajo). Claro que se basa en novelas atemporales, y claro que imita a otras tantas películas (“Chinatown”, “Atraco Perfecto”, “El Padrino”, “El Halcón Maltés”, “El Tercer Hombre”…), faltaría más… El mundo del videojuego es algo totalmente nuevo, y busca ideas e inspiración en cualquier sitio posible. Es la industria que, hoy en día, mueve más dinero en el mundo, pero está todavía en pañales. Dadle tiempo y veréis. A día de hoy, y con ejemplos como “La Dalia Negra” por un lado, y “L.A. Noire” por el otro, no me cabe más remedio que recomendar, a muchos escépticos (y arrepentidos de ver semejante mojón), que den el salto, que no duele. Ocurrió con el cine en su día con respecto a la literatura, sin pisarle el mercado; ocurre hoy en día con las series de televisión, que son “el nuevo cine” (dicen); y ocurrirá con los videojuegos en los que, además de poder contar con buenos argumentos, podremos ser nosotros los absolutos protagonistas. El arte, si merece la pena, deja de ser algo meramente pasivo y llega a otra dimensión, dándonos a nosotros mismos el control de la propia historia. No se me ocurre nada más atractivo. Sobre todo en el jodido campo de “novela-cine-videojuego noir“.

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