El mundo musical de las verbenas

Es verano, época por excelencia de volver al pueblo a pasar unos días. Las probabilidades de asistir a una (o más) verbenas en los días de visita por las tierras natales son bastante altas. Y es que cada fin de semana es el patrón de esta o aquella localidad y la fiesta está asegurada. Todo aquel que haya ido a alguna sabe que la música que se escucha esas noches desde el escenario de la orquesta no es aquella que escuchemos habitualmente en nuestro día a día. Bueno, no todos.

Después de una copiosa cena con la familia de turno, la orquesta empieza, normalmente, entre las once y las doce de la noche, dando tiempo al acicalamiento/emborrachamiento previo, tan tradicional como las propias fiestas. Situado en la plaza del pueblo, el escenario alberga a un grupo que suele ser de lo más variopinto, tanto como el repertorio que interpretarán en las próximas horas. Se empieza por los pasodobles y los temas que bailan los más mayores de la zona, que suelen retirarse más temprano.

A medida que avanza la velada el sonido va cogiendo más ritmo. Rumbas y cumbias al gusto de los integrantes encargados de la animación, entre los que no suele faltar algún tema de la banda argentina Ráfaga, de la que seguro que muchos conocéis su famosa “Mentirosa”. Con los acordes más mariachis puede caer también ranchera, o algo tan típicamente latino como una salsa, aunque suelen predominar los merengues, más fáciles de tocar. ¿Quién no conoce a Elvis Crespo o Juan Luis Guerra? Seguro que casi todos somos capaces de tararear un poco de “Suavemente” o “La bilirrubina”.

La música siempre tiene un significado distinto para cada persona que la escucha. En el caso de quien suscribe estas líneas, todas esas canciones evocan al verano (no caluroso), a dormir en casa ajena para poder volver tarde y que no tenga que ir tu padre en coche para llevarte hasta tu pueblo. A bailar hasta que te duelen los pies, porque siempre te puede el salir mona y con algo de tacón a la comodidad. A adolescencia antes de emprender el camino sin retorno que supone irse de casa a estudiar fuera.

Son canciones de una juventud no lejana pero, al mismo tiempo, ya irrecuperable. Los veranos no saben igual cuando vas creciendo. Prima más el ponerse al día con esa amiga con la que llevas semanas sin tener contacto, por estar ambas estudiando los finales. Pero siempre que suena una movida, abandonas la conversación porque sabes que la podrás retomar después, cuando finalice la verbena, porque a las cuatro de la mañana aún queda mucha noche por delante.

Y es que el tiempo transcurre de otra manera en verano. Las horas son más largas y, a la vez, pasan más deprisa.

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