Explicit Lyrics

Cualquiera diría que estamos en el año 2012. Tal vez tuvieran razón los mayas con aquella profecía del fin del mundo, pero el apocalipsis social sí está cada vez más cerca. A día de hoy, hemos visto cómo los ciudadanos que están en el poder, militantes de un partido político determinado, están realizando una limpieza mediática a conciencia.

Podríamos realizar una lista con nombres muy importantes de comunicadores españoles, pero han saltado todas las alarmas tras un cambio de dirección en Radio 3, sucursal musical de Radio Nacional. La última mañana de agosto amanecía con una noticia incomprensible: la eliminación de Carne Cruda de la parrilla radiofónica. Como si de una dictadura se tratara, ni siquiera han dejado a los miembros del programa despedirse de sus oyentes, puesto que los programas de final de verano están grabados. Ha sido el propio Javier Gallego, quien a través de un blog en eldiario.es, ha intentado hacernos ver a los oyentes (que somos más de los que parecíamos) que si bien Carne Cruda tenía asegurada su continuidad, ha sido después de unas pesquisas del otrora progre Tomás Fernando Flores, actual director de RNE3, cuando esa promesa de continuidad se ha visto truncada por motivos económicos. En esta línea de limpieza ideológica de la radiotelevisión pública hemos sido testigos de otros golpes de puerta al trasero a otros profesionales de la información. En julio se despidieron de las ondas y las pantallas algunos como Toni Garrido o Ana Pastor.

Pero no seamos necios. Tomás Fernando Flores es conocido por estar a la cabeza de Siglo XXI, programa famoso por los incendiarios mensajes de su contestador. Pero parece que, a la vista de los hechos, lo único revolucionario en dicho programa son las llamadas de los oyentes. Si han eliminado de la parrilla un programa como Carne Cruda, ¿qué pasará a partir de mañana con aquellos que insultaban al Gobierno en el que ha sido su programa de siempre? ¿Nos encontraremos con un Siglo XXI edulcorado y que bien podría llamarse Siglo XIX con un claro servilismo al bienestar de la Nación? Y seguro que esto no ha sido flor de un día. Podemos leer en El Mundo una entrevista a Tomás Fernando Flores, un día antes de confirmar la cancelación del programa, en la que se dan motivos diversos como “El programa de Javier Gallego es muy caro para Radio 3: siete colaboradores, cuatro guionistas para Gallego. ‘Carne cruda’ no sigue por eso, y porque el toque sensacionalista que le ha dado en los últimos meses no conduce a nada”.

Qué lástima que esa afirmación no sea más que un error. Porque la evidente censura está tomando una fuerza inusitada en nuestros días y no sólo en nuestro país. Si miramos hacia países con un gobierno tradicionalmente más “de izquierdas”, como puede ser Rusia, (madre de comunistas y defensora del Comunismo y ahora convertida en paradigma del consumismo) nos sorprendemos ante la sentencia que ejecuta otro de esos gobiernos a los que parece que molesta que el pueblo pueda ejercer su derecho a la libertad de expresión y los medios, el suyo a emitir información veraz.

El 21 de febrero de 2012 tres de las integrantes del grupo de punk-rock feminista Pussy Riot entraron en la Catedral del Cristo Salvador de Moscú y, con ayuda de megáfonos, entonaron una canción en contra del jefe de Gobierno, Vladímir Putin. En prisión preventiva desde que las detuviesen por este acto, se ha dictado sentencia el pasado mes de agosto, condenando a dos años de prisión a cada una por “gamberrismo motivado por odio religioso”. A día de hoy, es posible que se hayan declarado fervientes admiradoras de Javier Krahe, juzgado este mismo año en nuestro país por un corto realizado en los 70, en el que se cocina un Cristo de madera.

Sin embargo, quienes sitúen un poco la situación de la libertad de expresión en Rusia se darán cuenta de que semejante circo judicial no se ha producido únicamente por motivos religiosos. Quizá sería más adecuado hablar de falta de esa libertad de expresión que en estos días compartimos con un régimen totalitarista. El Gobierno de Putin castiga muy duramente a aquellos que se atreven a manifestar su oposición al mismo. La condena a las Pussy Riot no solo es una manera de penalizar una irrupción en el centro ortodoxo, sino una demostración de fuerza del régimen, para que aquellos que quieran protestar se lo piensen antes.

En un claro paralelismo, la criba de voces críticas que estamos sufriendo tanto en radio como en televisión no viene sino a corroborar que tras la resolución de las últimas elecciones generales, el individuo español ha perdido el derecho a elegir cómo pensar y qué escuchar. Demos las gracias porque ellos, verdugos de la opinión contraria al librepensamiento, nos salvan de esas palabras que sólo nos hacen daño a los oídos, creándonos falacias sobre la posibilidad de desarrollar un pensamiento crítico diferente al que nos quieren obligar a tragar. Palabras explícitas para los pobres de espíritu.

Artículo escrito a cuatro manos por Maje M.S. y Jesús Marín

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