Linkin Park, Trilogía de la muerte y descenso al infierno

[social_share/]


Decir que Linkin Park están acabados quizá sea un poco duro e incluso da pena si recordamos sus dos primeros discos, “Hybrid Theory” (2000) y “Meteora” (2003). Decir que están acabados quizá sea también quedarse cortos. Quizá sea mejor decir que están en un pozo en el cual aún no hay una cuerda por la que subir y a la vez tienen los brazos y las piernas rotas. Vamos que están bastante jodidos.

Se podría decir que están en una pesadilla de la cual no pueden despertar y encima parece que les guste. Lo gozan con las composiciones infumables (no todas las canciones que han compuesto en los últimos años lo son, también hay que dejarlo claro) que han creado en sus últimos discos, mezclando estilos de música sin criterio ni sentido alguno. Eso sumado al pozo sin cuerda del principio es una situación bastante agónica para la banda.

Trilogía de la muerte y descenso al infierno

El último disco bueno que hizo Linkin Park no lo hizo Linkin Park. Lo hizo Mike Shinoda, una parte importante y vital de la propia banda. Cabeza pensante de las composiciones de la misma. Y ese disco fue “The Rising Tied” de Fort Minor, banda de Shinoda. Un sonido diferente al de Linkin Park. Orientado completamente al rap, lleno de arreglos y con toques de pop, en el que Mike estaba pletórico en temas como “Petrified”, “Remember The Name”, “Where’d You Go”, “Believe Me” o la fantástica “Out The Black”.

“Minutes To Midnight” fue el principio de la Trilogía de la muerte de Linkin Park. Un disco en el que había cosas buenas como “Bleed It Out”, “Given Up”, “No More Sorrow” o “What I’ve Done” (¿Porqué no introdujeron “QWERTY” en el tracklist final?). Pero después había cosas que se iban un poco de madre, y precisamente eran las que iban a guiar a la banda para componer sus dos siguientes discos. “Minutes To Midnight” realmente no era un mal disco, era decente, el mal menor. Si hubiera sido este el bajón en la trayectoria de Linkin Park no hubiera pasado nada, pero lo malo es que era el principio de la conversión de Linkin Park en una “boy band”. Quizá no en la pose ni tampoco de forma completa en su música (una “boy band” no puede llegar a componer cosas como las de Linkin Park, por malas que sean). Lo malo es venir de la época en la que Linkin Park eran los abanderados de la segunda generación del nu-metal y querer reinventarse de una forma realmente buena. Experimentar con el sonido de tal forma que el resultado de esa batidora de estilos sea algo espectacular, o bajando un poco el listón, algo muy bueno. Y ahí es donde Linkin Park falló y tal vez, eligió mal su sonido.

Linkin Park Burn It Down

Probar cosas nuevas es una obligación para los músicos, no se pueden estancar, pero la experimentación a veces es un arma de doble filo. Y eso lo podemos ver en los dos discos que completan la Trilogía de la muerte, “A Thoudand Suns” y “Living Things”. “Burning In The Skies”, “Jornada del Muerto”, “Waiting For The End”, el desproposito de “The Catalyst”, “Lies Greed Misery”, “Lost In The Echo” o “Until It Breaks”. Experimentos variados, con una clara dirección hacia el pop y el rap, dejando de lado la guitarras y la garra que  siempre les había caracterizado. La mala leche y melancolía que tenían y que nos transmitían. Incluso la voz de Chester Bennington no es la misma. En muchas canciones se nota que su voz no llega a lo que debería de ser, queda forzada y le falta más intensidad. De Chester vamos a obviar todas las incursiones que ha hecho en diversas bandas.

Vale, el sonido de “The Rising Tied” era completamente diferente a lo que había hecho Linkin Park hasta el momento pero , ¿los últimos tres discos de Linkin Park se parecen realmente a lo que era Linkin Park en sus primeros trabajos? Hay temas sueltos a lo largo de sus últimos discos que si, pero por norma general ha sido un cúmulo de experimentos con el sonido que no han tenido muy buen resultado. Quizá si hubieran puesto otro nombre a Linkin Park se hubiera valorado de otra forma.

El problema no es que se parezcan al sonido de sus primeros discos por completo, porque eso no es algo necesario y de hecho es otro error que cometen muchos grupos: ser monótonos e insulsos. El problema es perder la identidad a lo largo de los años, la esencia de la banda y la energía que transmitían. Perder esa identidad con experimentos que no llevan a ningún lado, intentar encontrar de nuevo esa identidad y perderse aún más. Los tres últimos discos se podrían considerar como un auténtico descenso al infierno de la banda. O lo que es lo mismo, están cada vez más perdidos. Un sub-producto comercial y un quiero y no puedo. Dando palos de ciego para volver a ser lo que eran sin conseguirlo. (Por no mencionar “Recharged”, segundo álbum de remixes de la banda publicado en 2013, digno de la suite de lujo en el mejor hotel del infierno más humeante y caluroso. Corramos un tupido velo con el).

Linkin Park palms promo

¿Resurreción?

Ahora llegó el momento de la publicación de un nuevo disco, el sexto álbum de estudio. Por mucha cera que les haya dado en los anteriores párrafos, siempre he tenido esperanza en la vuelta de Linkin Park con un buen trabajo bajo el brazo. No tiene por qué ser nu-metal, cargado de guitarras o lleno de estribillos que hagan que te explote la cabeza del placer que te produzca.

Simplemente tienen que encontrarse a ellos mismos, dejando de lado experimentos estúpidos, sin necesidad de sorprender con cada canción. Sin necesidad de demostrar nada ni de reinventarse cada minuto.  Ahora meto una batería destructora, con un estribillo rap, le meto de fondo unos sintetizadores dignos de Armin Van Buuren, sustuimos a la mitad de la banda por teclados, invitamos a los kraftwerk a echarse unos bailes y ponemos a Chester cantando baladones mientras come una caja de Haagen Dazs de chocolate, praline y caramelo. Empalagoso hasta morir de subidón de azucar.

“Guilty All The Same”, el primer single de su nuevo disco, no ayuda mucho. Si bien no tiene mala pinta del todo, ya que intentan hacer algo sin demasiados artificios, hay cosas que no son muy normales. Una mezcla de metal, power metal, rap y Chester cantando el típico estribillo que nos provoca la sensación de haberlo escuchado ya mil veces. Incluso por momentos parece que intentan imitar a Dragonforce, pero en versión suavizada. Aún así es un rayo de luz en el futuro de la banda y que dá esperanzas de poder escuchar por fin algo más puro. Un sonido que recuerda más a lo que Linkin Park es. No es que sea igual que sus primeros discos, pero se asemeja e invita a la ilusión. Hay cosas raras que no pegan ni con cola con la banda y otras que si que recuerdan a los Linkin Park de los comienzos. Una mezcla muy rara.

Ahora falta por ver si es esto es solo un espejismo y vuelven a sacar otro disco más parecido a los últimos, o por el contrario nos sorprenden a todos con un trabajo interesante. En unos meses lo descubriremos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies