No tenemos ni puta idea de cómo titular esto

Hace pocos días pude escuchar una discusión entre dos conocidos en el Metro. Uno de ellos defendía a la música como poder educador, casi a la altura de “Padre, madre o tutor” y el otro la tachaba de simple entretenimiento. Cual vieja cotilla de pueblo manchego presté toda la atención que pude a aquella conversación durante ocho paradas y me fui a casa reflexionando sobre aquello e intentando saber cual hubiera sido la postura si yo hubiese estado en ese debate.

Veréis. Aquí un servidor está a punto de finalizar su tercera década en esta historia que llamamos vida y a estas edades, al menos yo, intentas auto explicarte que pasó algún día para que alguna cosa ahora sea así. Recuerdo como hace unos 20-22 años me pasaba las largas tardes en casa de una de mis abuelas, y entre bocadillo de Nocilla o de mantequilla con azúcar y tirada de peonza esperaba ansioso a que uno de mis tíos (ya acabando su adolescencia) llegase del trabajo y alegrara la casa un poco. Tardes/noches entre vinilos y casetes de Héroes del Silencio, El último de la fila, Europe, Bon Jovi, U2, etc. Ni lo prestaba atención ni conocía los nombres de muchos de ellos, pero sabía que me gustaba que ese “ruido” estuviera de fondo. Así, amigos, cada día laborable de mi infancia porque las tardes de los fines de semana las pasaba en casa de uno de mis primos, de edad muy cercana a la mía, cuyo hermano mayor vivía única y exclusivamente para poner a todo volumen música de Extremoduro y, por ende sonaba ocasionalmente algo de Platero, Reincidentes, Barricada, incluso Siniestro Total. Nosotros dos, mi primo y yo simplemente éramos felices poniéndonos una y otra vez ese VHS grabado de la televisión con un videoclip de Fools Garden, el de “Lemon Tree”.

Por desgracia, los años pasan, y te vas formando vas aprendiendo, vas conociendo gente. Y un día estas en el recreo del colegio y llega un compañero tuyo con el que apenas has cruzado diez palabras y de repente te dice: “Me han regalado un CD”, así, sin título ni nada. Que te regalaran un CD en aquel entonces y sobre todo tener un lugar donde ponerlo y escucharlo ya era para ponerte palote. El caso es que te vas a casa de ese compañero y te muestra un CD donde aparecen unos chicos vestidos de forma extraña como en un salón… “Definetly Maybe” ponía. “¿Que significará esto?” Nosotros hacíamos nuestras cábalas sobre el título porque un Oasis si que creíamos saber lo que era. Lo escuchamos una y otra vez, incontables veces. Y de golpe, sin darte cuenta te encuentras con tu habitación llena de casetes “piratas” (que tiempos, cuando CANON solo era una marca de cámaras fotográficas), con un puñado de discos grabados y con tus propios remixes hechos directamente de los 40 Principales (¡SI! de los 40, porque para los que no lo sepáis, hubo una época en la que los números 1 de dicha cadena eran Blur, Oasis, Pulp, Cranberries, etc.) que se escuchaban como el puto culo pero te hacían inmensamente feliz y tarareabas cada canción porque no entendías una mierda de lo que decía esa gente.

De golpe y porrazo te encuentras en plena madurez, con curro, pasta (aunque cada vez sea más difícil) y puedes ir a la FNAC y pillar de todo, discos que te gustan, de los que has oído hablar, discos al azar y aquellas casetes de 15 años atrás ya no se ven y están tapadas por cientos de discos (80% vs. 20% en los porcentajes piratas vs. originales) y piensas en ti mismo y te das cuenta de que amas la música. En general, como concepto, no eres indie, ni rockero, ni popero ni pollas. Y vas caminando con los auriculares bien puestos mientras tu iPod te sorprende en reproducción aleatoria, y vas en el coche y subes el volumen y cantas. Y te pones música para cualquier aspecto de tu vida. Para pasar el mocho, para hacer la comida, para ducharte, hasta para cagar joder, ¡para cagar!.

En resumen, si yo hubiese estado en la conversación entre aquella gente el otro día en el metro no habría podido decantarme de ningún lado, porque si, la música es un entretenimiento. La música es EL entretenimiento. Pero es un entretenimiento capaz de hacerte cerrar los ojos y recordar momentos de tu vida, a gente, lugares… Capaz de hacerte estar en la oficina y mover una pierna al ritmo de una canción que escuchas por primera vez y que, aún no lo sabes, pero te flipará por el resto de tu vida. Capaz de que, por lo que sea, te puedas pasar horas escuchando la misma canción sin parar (¡Hola “Welcome to the jungle”!). Si, es un entretenimiento, pero también se perfectamente que si mi tío no hubiese tenido aquellos discos y si mis primos no hubiesen sido fans de Extremoduro o no hubieran grabado aquel videoclip de Fools Garden y si mi amigo del colegio no hubiese tenido donde reproducir aquel CD, yo no sería ni la sombra de lo que soy. Y no digo ni mejor ni peor, solo digo diferente. Quizás si hubiese escuchado a Mecano o a Hombres G allá por la infancia ahora sería un poco más gilipollas o no, o sería ingeniero de caminos, canales y puertos. Ni lo se ni me llama la atención porque aunque no tenga un gran poder educador, con el paso de los años recuerdas igual de bien aquella charla de padre, aquel primer beso, aquel pedo descomunal y cada disco, cada canción, cada letra, cada riff, cada solo de guitarra que pasa por tus oídos y se queda grabado en tu cabezota como tus momentos importantes. Eso sí, deja de preocuparte si lo que va a sonar cuando pulses play es indie-rock o rock and roll o salsa o mambo o un chotis o fanfarrias y simplemente intenta descubrir si lo que estás apunto de escuchar te produce algún tipo de sensación diferente. Porque quizás, yo el primero, pasamos demasiado tiempo de nuestra vida eligiendo el color del que nos compramos las gafas de pasta.

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