Discos que me follaría: Live Through This, de Hole

No se trata solamente de que aún exista dentro de mí una niña rabiosa como un animal que reclama a gritos que le den furia en forma de acordes mal tocados para comer. “Live Through This” no es un berrinche adolescente, sino un disco de intensidad increíble, lleno de transfiguraciones, moratones y golpetazos acelerados. Fue hecho desde dentro, en el momento el que que algo giraba y se retorcía sobre sí mismo para transformarse en una otra cosa totalmente diferente. Habla al mismo tiempo del fin de una época, de cuando los noventa murieron de asfixia, y de la persona que fuiste. No he conocido mucha música que haga eso, que viaje constantemente y sangrando desde el pasado hasta el futuro.

Me imagino que la vocalista de Hole, la eterna niña perdida Courtney Love, no estaba pasándolo muy bien cuando “Live Through This” vió luz, pero no quiero detenerme demasiado sobre eso. Los detalles son lo que hacen posible imaginar cómo pudo nacer esto. Naúseas y vómito. Un bebé, un marido muerto, tu cara bonita en las revistas. Una bajista y una chica nueva detrás de la batería. Un ataque de histeria tras otro, heroína, y la tetas llenas de leche que no puedes darle a tu cría.

Existe un nivel de desnudez que la música puede mostrar, que cualquier sonido está capacitado para soportar. La desnudez, por cierto, no tiene nada que ver con la verdad porque “Live Through This” es una pequeña puta mentirosa. Sobrepasado ese punto, se alcanza la pornografía o las vísceras. Y el segundo disco de Hole me recuerda a un montón de carne y de vísceras recubierto por la piel suave de las guitarras encadenando melodías. Creo que está bien pensar en sangre cuando se piensa en música. Creo que eso significa que alguien ha creado algo que suena y está vivo.

Con melodías enganchadas a guitarras que parecen trazadas con agujas de tatuar, “Live Through This” se abre con “Violet”, que explota desde dentro de unos ritmos profundos, cortantes por momentos y punteados por una voz engañosamente suave que habla de cielos de piedras preciosas y que después se ahoga de furia y humedad cuando estalla con cada una de las palabras que explican que dentro de ella, va a durar para siempre, que cuando tiene lo que quieren ya no lo quieren más, y que vayas, que lo cojas todo, que vayas ahí si te atreves y que te lo lleves todo. Eso no es feminismo, sino lo que cualquier chica viva ha gritado dentro de su cabeza alguna vez. Con “Miss World”, tan suave y roto que deja lo oídos sedientos, y otro tema enfermo de ironía, “Asking for It”, cualquiera es capaz de dejarse hundir por esa rabia, que es al mismo tiempo perturbada e híper femenina, porque tiene más que ver con sangre y manchas de semen en las piernas, con desgarros y suavidades simultáneos que con el no future. El siguiente corte, “Plump”, está envuelto en una crisálida sucia y tejida de forma áspera con sarcasmo y guitarras noise, y decorada con leche en la boca, leche goteando desde los labios, y estómagos vaciándose y volviéndose a llenar en una rueda perversa. “Live Through This” es un disco completamente orgánico, con evisceraciones de las que salen flores y letras que hablan de cuerpos, de cuerpos cuerpos y cuerpos. “Jennifer’ s Body” gira en torno a todos los arañados en las piernas que las chicas escondemos debajo de la cama: violaciones, bulimia, cicatrices de parto, y “Doll Parts”, con un ritmo simple y cadencioso y una garganta aullando solo a medias sobre una mujer que podría estar descomponiéndose o simplemente pintándose la cara, porque en realidad ambas cosas son casi idénticas.

Instrumentalmente es como hundirse en una viscosidad muy suave, dentro de la que no paran de afilarse y acariciarte cosas. Es importante, desde luego, la mejoría técnica que supuso con respecto a su disco precedente, la mejor organización del dolor, la influencias y el pasado. A partir de “Doll Parts” se infiltra una melancolía sonora muy bien encadenada a las contundentes realidades de los riffs de la guitarra, agónica, y casi fugitiva, que crea atmósferas muy cerradas y ritmos como letanías, como en “I Think That I Would Die”, liberándose después en estallidos de punk y rosas que caen sobre nuestras cabezas. También hay espacio para jugar y para echar un polvo, con temas veloces, saturados y que fluyen a golpetazos como “She Walks on Me”, o “Gutless”, que da vértigo y está llena de cabreo y de sexo, o, al final, “Olympia”, que empieza como un patio de colegio histérico y termina con una mujer suplicando que la hagan real, cerrando el disco que me hizo estar tan viva en su momento. Todo esto es un montón de locura, una mujer descomponiéndose enfocada por un caleidoscopio.

Por Laura Bauhaus

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