En defensa de las fulanas del rock

Kat Bjelland, vocalista de Babes in Toyland,  decía sobre sí misma y sobre Courtney Love que cuando eran jóvenes eran putas, drogadictas, rockeras y folladoras, y querían hacerse con la ciudad. Cuando le preguntaron  Pamela des Barres, la mujer más increíble que caminó por los 70,  por qué era una groupie contestó que con un ¿por qué no? ¿por qué no formar parte de todo eso?

Cuando tenía dieciséis años y era estudiante, le dijeron a Cynthia Plaster-Caster que tenía que hacer algo con yeso. Ella decidió hacer un molde de la polla de Jimi Hendrix. A mi se me ocurren cosas más divertidas que hacer con una polla, pero no negaré jamás que volver a clase con un falo de yeso tiene un nivel bastante alto de echarle valor y hacer lo que te dé la gana.

La propia Courtney Love dijo que era completamente normal perseguir al chico que te gusta hasta acostarte con él, estar gorda y fea después de haber parido y firmar un contrato discográfico sin pasar por la cama de nadie. Todo lo que he hecho durante toda mi vida es completamente normal. Mientras, Sable Starr se acostaba con Iggy Pop. Después, diría que nunca tuvo nada de lo que arrepentirse.

Esas son las mujeres del rock, las mujeres de la música, como diablos quieras llamarlas.  Yo las voy a llamar fulanas porque confío en vosotros y espero que captéis la ironía.  Están a la misma altura que Joan Baez o Patti Smith y, sí, soy consciente de que entran todas en la categoría de panda de zorras. No por quién follaban o por cuanto lo hacían, sino porque a esa actitud ahora le llamamos puta, le llamamos zorra. Esas mujeres desconocidas me han enseñado parte de lo poco que sé sobre música y todo sobre cómo comportarme en un concierto. Yo me comporto muy mal en los conciertos, pero es la clase de comportamiento del que no tengo ningún motivo para arrepentirme.

Lo que me da miedo ahora es volver de un concierto y pensar que fue Pamela des Barres la que me hizo darme cuenta de que podía hacer lo que me diese la gana. Parece que todo eso se ha muerto, que ya no es agradable. Vuelvo de conciertos, de conciertos de lo que sea, y todo está lleno de chicas que en lugar de tener ganas de volverse locas y de vivir, tiene actitud de novias. Novia es una palabra que ya ha dejado de tener sentido, que no tiene nada que ver con ser la pareja de alguien, sino con ser una chica de la música, de aquí dentro, que en lugar de tener nombre tiene  una actitud silenciosa y una forma de mover únicamente la cabeza cuando esta viendo música que hace que me entren ganas de vomitar. Las novia de la música son todas las chicas que nunca han defendido a gritos su opinión sobre cualquier grupo, ni cantado a gritos una canción en el momento más inadecuado posible.  Las novias, ya sabes. Nunca hacen el ridículo, esas chicas. Tampoco están en primera, ni fuera, con la minifalda un poco subida, la espalda apoyada en la pared, el cigarrillo en la mano y la cintura doblada hacia delante de tanto reírse.

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Las novias no saben jugar, ni tampoco quieren, y eso no me parece mal. Quiero decir,  son muy aburridas pero seguro que son buenas chicas.  Pero no puedo estar de acuerdo con validar su comportamiento y no el de las fulanas, porque nunca he sabido jugar como una niña buena.  Lo que me preocupa un poco es que las otras estemos perdiendo terreno. Ponte a ver Almost Famous, llega a la parte en la que Penny Lane grita que ellas no son groupies, que son banderas, y que están ahí por la música. Mira, cada vez que una puta, una de esas chicas que visten raro y llevan zapatos todavía mas raros va a un bolo, lo hace porque tiene muy claro que su propia vida es este momento y que es mejor recordar que te has vuelto loca en multitud de salas de conciertos en lugar de acordarte de como, durante todos tus veinte años, no bailaste ni gritaste en ninguno.

¿De verdad ya no os gustan las fulanas? ¿Ya no os parecen divertidas ni de otro maldito planeta? ¿Vais a seguir mirándonos con esa cara durante mucho rato más? Todas esas chicas que corren encima de los tacones con una botella de cerveza en la mano completamente borrachas, que os manchan la cara de pintalabios, que dicen que vuestra colección de discos es una mierda y luego se ríen, y después nombran a un grupo que también os gusta a vosotros, y se vuelven completamente locas y no paran hasta haceros sentir cómo esa música que tenéis en común les voló la cabeza a ellas hasta que se convirtieron en una persona completamente distinta de la que eran. No estoy hablando de follar. No estoy hablando de groupies Estoy hablando de las mujeres gritonas que hablan de que todavía no son todo lo salvajes que querrían, de las que recuerdan que eran muy, muy pequeñas y ya se sabían canciones enteras de Queen, y enlazan rápidamente esa información con su top five de guitarristas muertos, y te obligan a que elabores el tuyo con toda la rapidez que puedas, que nunca va a ser suficiente. Esas chicas con fama de locas, de guarras, que no son las mas guapas, a las que les importa una mierda ser las más guapas, o romperse los zapatos, pero que no van a soportar que no te las lleves de fiesta y les cuentes cuál fue el disco que escuchaste y que te hizo pensar que vale, que tú también querías tocar, que podías y necesitabas gritar así, porque quieren que les pasen todas las cosas y escuchar a todo el mundo, y no van a  esperar ni un minuto más para tenerlo. Las chicas, joder, las putas del rock and roll. Las que estamos pidiendo a gritos que nos rompáis el corazón y que nos insultéis para insultaros más, las que nos morimos de ganas de que  un abrazo. ¿Por qué ya no os parecen divertidas?  ¿Por qué cojones no nos queréis ayudar?

Necesito citar otra vez a Pamela des Barres, la reina de las groupies, la mujer que es una de mis mejores amigas pero todavía no lo sabe, porque dijo, refiriéndose a sus chicos, a The Doors, The Who o Led Zeppelin, que los inspirábamos tanto como ellos a nosotras.  Necesito que acordéis de que estábamos aquí antes que vosotros, y de que estamos locas, pero también estamos vivas, y sabemos beber, y sabemos reírnos. O, al menos, que nos dejéis jugar tranquilas. Seguid llamándonos putas, pero dejad de decir que eso está mal y de pedirnos que nos callemos, porque no vamos a hacerlo.

Por Laura Bauhaus

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