No me vendas que eres mejor que yo por limitarte a un solo género musical

En serio. No lo hagas. Me da igual qué género musical sea, me importa una mierda que sea uno que, de hecho, me guste. Yo ya no compro esa tontería, yo ya dejé atrás los quince años y las ganas fervientes de encajar en una categoría, de ser una niña del folk o una tipa dura del rock o una indie de verdad.

Me he cambiado de bando. Maldita sea, ahora juego con los que dicen que pueden escuchar casi cualquier cosa y lo dicen de verdad. Cuando tenía muchos años menos pensaba que eso era una carencia brutal de opinión, ahora creo que es albergar universos sonoros dentro, tener los oídos y el estómago lo suficientemente despiertos y viajados y baqueteados y enloquecidos como para poder asimilar muchas cosas y muy diferentes.

Eso, obviamente, no implica que no tenga preferencias. Lo que implica es que me río bastante, y bastante alto, y bastante fuerte, de que seáis tan idiotas como para intentar colarme que sois más íntegros, mas altos y más guapos y con un gusto musical infinitamente superior al mío por limitaros a un sólo género. No, espera. Yo soy muy bajita. A lo mejor sí que sois más altos, pero todo lo demás es un razonamiento absurdo y creo que además está al alcance de cualquiera descubrir su absurdidad. Y, además, os estáis perdiendo cosas. Os estáis perdiendo escuchar algo que se salga de vuestro campo de acción y que os sorprenda de verdad, que os vuelva locos. Os estáis perdiendo un montón de conciertos en directo y un montón aún más grande de recomendaciones de grupos por parte de extraños por culpa de ir siempre a los mismos bolos y de hablar siempre de las mismas cosas.

Por eso, no voy a comprar el stay true. No voy a comprar lo de ser indie, ni lo de ser mod, ni lo de ser metalero de verdad, o cualquier cosa que me queráis endilgar y que sea tan estúpida. Lo que me gusta es lo que me gusta, pero no es todo lo que soy, y es bastante triste si lo único que sois es un único género musical, sin salir de ahí, sin que os dé el aire en la cara.

No creo en la autenticidad, pero creo en hacerse mayor. Creo que hay que quemar etapas, creo que hay que ser una cosa cuando tienes quince años y otra muy diferente cuando tienes veinticinco. Creo que hay que sentir en algún momento de la adolescencia que el punk te vuela la cabeza y que quieres estar ahí para siempre, y después no cometer la estupidez de sentirse mal cuando lo que te da fuego es otra cosa. Creo que la música es buena y voluntariosa y viene hacia ti cuando la necesitas, pero también creo que si eres gilipollas y te cierras a una sola cosa, a un solo tipo determinado de sonido, hasta que lo tienes tan interiorizado que todo lo demás te suena rarísimo, te estás saltando una parte grande e importante.

Conozco a un chico que es fotógrafo musical, que adora el hardcore, y el metalcore, y el deathcore, y que además es una persona esencialmente buena. Quiero decir, no hace críticas tajantes sobre cosas, no tiene opiniones locas y exacerbadas como las mías, o, al menos, no las expresa y las remata con un “hay que matarlos a todos”. Una vez me dijo que no era posible decir que no te gustaba el jazz. Que el jazz era algo demasiado intricado, demasiado complejo y con demasiadas variantes para descartarlo con cuatro palabras. No creo que se refiriese a que todos tenemos que ser fans enloquecidos de Chet Baker, sino a que hay que ser muy insensible para tener algo bueno delante, creándose, fluyendo ante ti, en directo, y descartarlo porque “no te gusta” o “no es lo tuyo”.

Algo puede no volverte loco, o no ser lo que tú necesitas escuchar cuando llegas a casa, pero no por eso tiene que dejar de se bueno o de gustarte. Por eso no soporto las definiciones simples de los que decís que vosotros sois rockeros de verdad, o indies de verdad, o lo que sea, pero de verdad, y que me ponéis cara de perro cuando hablo de (sí, ya, ya sé) Sonic Youth o de Other Lives o de Devendra Banhart. Por eso no me quedan ningunas ganas de deciros que además de ellos me gusta a rabiar Holy Moses, o los Kinks, y que os llevéis una sorpresa, porque estoy un poco harta de sorprenderos. Ya, no tengo pinta de que me guste eso. Ya sé. Lo que no tengo ganas de explicaros es que prefiero llevar música en los auriculares y no en la camiseta.

Por Laura Bauhaus

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