Qué coño nos pasa con Hinds

Hoy tampoco he dormido, así que vamos a hablar de Hinds. De lo que nos pasa con Hinds, porque de ellas ya ha hablado Pablo Gil en este artículo y, bueno, no creo que nadie vaya a hacerlo mejor ni con más clase, la verdad.

Esto ya lo sabemos, pero Hinds son un grupo de cuatro chicas de Madrid que antes se llamaban Deers. Hacen un rock garagero que suena simplón y divertido y que no es molesto pero sí bastante prescindible.  Han pasado de estar en bandcamp a estar en todas partes. Escriben sobre ellas en Pitchfork,  NME, The Guardian y The Line Of Best Fit.  Han teloneado a The Black Lips y a los Libertines. Han tocado en Londres, en Manchester y en Glasgow. Han ido de gira por Australia y por Tailandia.  Agotan entradas en la Wurlitzer y tocan en el SXSW. Y esto, en menos de un año.

Hinds se llamaban Deers cuando empezaron a estar por todas partes. En todos los blogs y revistas online sobre música. En serio, en todas.  En Mondosonoro. En Rolling. En VICE dicen que son la mejor girlband del mundo. Un montón de gente leyendo sobre Hinds, mucha gente muy entusiasmada. Parecía que Hinds habían bajado en nave espacial para rescatarnos a todos y salvar el rock and roll.

Lo que pasaba también es que, cuando se hablaba de música, a muchísima gente no le gustaba nada Hinds. Muchísima gente también muy entusiasmada, muchas veces que Hinds eran una mierda, que no cantaban bien ni tocaban bien ni componían bien, que qué hacen esas tías ahí, que a qué coño jugamos.

Ante Hinds sólo ha habido dos tipos de reacciones: devoción o haterismo. Y lo interesante es precisamente eso. Decir que Hinds son la mejor algo del mundo me parece una cosa exageradísima. La mayor parte de las cosas que he leído sobre Hinds me parecen exageradísimas. Pero defenestrarlas y decir que Hinds son una mierda me parece una visión un poco simple. Quiero decir, Hinds no son un grupo de la hostia ni un grupo de mierda. Hinds son un grupo muy bien llevado. Punto. No estamos hablando de calidad de sonido, estamos hablando de otra cosa.

Hinds es un bluff. Un bluff sale de la nada y de un día para otro es lo mejor de la vida.  Y está en todas partes. Si no escuchas a Hinds eres gilipollas. Lo dice la puta NME. Y las escuchas, claro. Y no entiendes nada.

El bluff es fantástico porque se ríe de nosotros. De nuestras ganas de ser los primeros en saber qué está molando ahora, de esas conversaciones en las que fingimos que conocemos perfectamente la trayectoria de un grupo que no habíamos oído nombrar jamás. Si todo el mundo está hablando de eso, a lo mejor el idiota que no lo pilla eres tú. El flujo de información es masivo, está  lleno de alabanzas y pone de acuerdo a un montón de gente. La otra reacción es convertirse en un hater, no soportar a Hinds, odiarlas con toda tu alma. Da igual. Ya existe el hype.

Un bluff no surge de la nada. La música es una industria y está llena de personas inteligentes. De personas que pagan sus facturas en base a trabajar con grupos. Es así desde siempre. Y se supone que también no sabíamos.

Aunque  Hinds no son un buen grupo, sí que son cuatro chicas jóvenes, guapas y con rollo. Las fotos que suben a sus redes sociales recuerdan un poco a los anuncios de Calvin Klein, un poco a los anuncios de Ray-Ban, un poco a Tavi Gevinson y un poco a esa noche tan divertida que en realidad duró dos días. Hinds llevan las pintas que llevan una parte de las chicas cool de Madrid, representan las fotos que todas subimos a Instagram, representan  el arquetipo de la hembra milenaria,  la velocidad, la sexualidad y el cool que se vende ahora mismo. 2015, Madrid, ahora mismo, guste o deje de gustar.  Hinds tiene detrás a Ground Control, que también llevan a The Parrots, que también hacen rock y también lo están petando y también han tocado en el SXSW. La música es un negocio y hay gente dentro haciendo que funcione. Personas trabajando en grupos que valen y en grupos que son una puta mierda. Escribiendo notas de prensa. Haciendo que se genere el bluff, aprovechando que algo encaja con el momento y explotándolo. Personalmente, me parece asqueroso, pero creo que en realidad no estamos hablando de Hinds, sino de la burbuja alrededor de Hinds. No es música. Hacen música, pero Hinds no va de música. Por eso no me parece lógico limitar la discusión a si son buenas o malas.

Lo que ha provocado reacciones tan viscerales ha sido el bluff, no la música.  No estamos hablando de Hinds. Cuando alguien dice que Hinds son una mierda, en realidad lo que quiere decir es que se esperaba que Hinds fuesen la polla y no lo fueron. O que no entiende por qué Hinds están ahí y grupos que tocan mejor, que componen mejor y que cantan mejor están en sitios mucho más feos. La conversación constante sobre Hinds no va sobre las canciones de Hinds,  sino del desfase entre las críticas y el trabajo de Hinds, la controversia de Hinds, la explosión de Hinds. El bluff. Vender humo.

Hinds no son la salvación del rock and roll, pero defenestrarlas sin mirar un poco más allá es absurdo. Estamos todos gilipollas. Todos gilipollas. Hinds no va de Hinds, va de lo bien llevadas que están Hinds, de lo bien hecho que está su bluff y de cómo nos lo hemos tragado. Va de cómo digerimos el sonido, de cómo funciona la música por dentro,  de estética, de actitud, va de muchas cosas, pero, en su mayoría, no va de los temas de Hinds. Que, la verdad, tampoco me parecen gran cosa, pero en fin. Y ya que vamos a hablar del tema, podríamos hacerlo de verdad.

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