Usted me está estafando

He dejado pasar unos días, sobre todo para poder desarrollar un poco y no solo escribir con el tamaño de letra más grande que me dejara el navegador un gran “vete a tomar por el culo”. Esto es una mezcla entre la crónica de un concierto y una crítica al estado al que llegan algunos cantantes/bandas y del que no siempre son capaces de retornar.

El pasado 25 de marzo estuve en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid (no me sale del rabo llamarlo del modo comercial) asistiendo al primer concierto de la gira “Let Me Entertain You Tour” de Robbie Williams y, sinceramente, pocas veces he asistido a un concierto tan… tan… forzado como ese. Siendo objetivos a la hora de asistir a un concierto hemos de saber diferenciar entre si nos lo hemos pasado bien y el concierto ha sido bueno. Que todos disfrutamos del cañeo previo (y muchas veces posterior) y de los minis que compramos dentro del recinto a esa gente que lleva un barril de cerveza cargado a sus espaldas (premio Príncipe de Asturias para ellos ya).

En fin, que lo típico, que se apagan las luces, y comienza la primera canción: “Let Me Entertain You”. Vemos a un Robbie con menos ganas que vergüenza. Podemos pensar “bueno, lleva cuatro días en Madrid, a lo mejor está hinchado de cañas y tapas, o a lo mejor está cansado porque ha partido cuatro somieres de su habitación de hotel, no sé”. Finalizando la canción, alguien del público le lanza una bandera de Portugal, que agita y ata al pie de micrófono y a todo el mundo del team Williams le importa todo tan poco que nadie es capaz de acercarse y decirle “disculpe caballero, pero esa bandera es del país de al lado”. Durante la siguiente hora y media el tipo nos ofreció un popurrí de canciones propias e infinitas versiones. Insisto, Robbie no tenía ninguna gana de estar allí haciendo eso. El espectáculo no tuvo nada de show y al fin y al cabo por lo que pagamos fue por ver un show. Es un tipo que dejó la música para irse a buscar ovnis, joder.

El caso es que esto te lleva a pensar en cuando los artistas se dejan llevar, cuando llega el momento en que vuelven a la carretera solo para volver a llenar el bolsillo y no solo lo admiten, sino que se nota. Hay cuatro tipos de San Francisco que se llaman Metallica, que llevan de gira unos cinco años seguidos y cada concierto es una bomba. Y admiten que lo hacen porque no tienen un solo dólar, pero hacen creer a la gente que les gusta estar tocando durante las dos horas que lo están haciendo. Puede ser que dentro de un año vuelva Robbie a Madrid y me cierre el boquino, igual que ya hicieran U2 cuando comenzaron gira en Barcelona y ni se entendían con el escenario ni se entendían entre ellos ni les importaba una puta mierda estar allí o no (queridos amigos, que unos tipos contacten con la EEI en pleno concierto, no hace que este sea bueno) y volvieron un año después y en Sevilla hicieron puro y auténtico Rock and Roll. Sin más. Muchos bien saben que pueden llenar cualquier recinto a lo largo del mundo, pero pocos tienen la vergüenza de parar y decir “basta, hasta que no me vuelva a sentir cómodo tocando, no toco”.

Con todo esto quiero decir que la mayoría de los nombres de cantantes/bandas, ya no son nombres, sino marcas. E igual que asociamos Nike con unos futbolistas y Adidas con otros, pues asociamos Metallica a fuego y explosiones, U2 a mensajes pacifistas y muchas muchas luces, Rolling Stones a carreras histéricas por el escenario y Robbie Williams a locura, desenfreno y surrealismo. Vamos a dejar de lado a sus músicos (más que dignos) a sus técnicos (la calidad del sonido era buena) y a sus coristas (podría partir somieres con cualquiera de ellas), pero el pasado 25 de marzo, Robbie Williams se rió de 15.000 personas en Madrid y, por lo que he leído, después se rió de 16.000 en Barcelona. Ahora le estarán aguantando en el resto de Europa.

Particularizando en Robbie pero refiriéndome a todos los que acaban teniendo su misma actitud (The Who, Axl Rose, Limp Bizkit, etc…). Sois la disfunción eréctil de la música.

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