Love Of Lesbian – La Noche Eterna. Los días no vividos
Los chicos de Love of Lesbian (LOL) vuelven con un trabajo que apuntala las virtudes de anteriores discos pero que sabe evolucionar hacia nuevos caminos musicales, lo que les convierte, si no lo eran ya, en una de las bandas de referencia del indie nacional. La noche eterna. Los días no vividos ofrece la colección suficiente de temas que se convertirán en himnos desde el minuto uno, del mismo modo que otros cortes, por su carga emocional, sabrán tocar esa fibra tan profunda que todos tenemos, y a la que tan bien saben llegar.
El rasgo fundamental que llama la atención desde la primera escucha es el riesgo, en cierta medida, que han adoptado a la hora de elaborar este disco. Riesgo en cuanto a la duración del trabajo, ya que, en los tiempos frenéticos que marca el sector musical, sacar un largo con 18 canciones y casi 76 minutos de duración es algo que muy pocas formaciones se pueden permitir sin provocar que el público se canse fácilmente. Riesgo en cuanto al contenido de las letras. Nada de estribillos machacones ni composiciones ligeras. En la más sana tradición de LOL, y que representa una de sus señas de identidad, cada canción encierra significados que se descubren a medida que se escuchan los cortes una y otra vez. Es indiferente que el mensaje que Santi Balmes (la “voz”) pretenda transmitir sea pesimista u optimista. Dedicarle la atención necesaria a cada verso, a cada palabra, a cada reflexión, responde y corresponde al oyente en cada una de las aproximaciones a este trabajo.
También son arriesgadas algunas de las canciones en sí mismas, como “Orden de desahucio en mi menor”, donde con el sonido de fondo de lo que parece un televisor, y unas breves notas de un piano, recrean la tranquilidad de un hogar que repentinamente se rompe con golpes en la puerta. Sutil guiño del grupo a la situación actual de crisis económica que no les hace caer en la compasión fácil ni en el populismo barato, pero demuestra compromiso social. Y riesgo también por el inicio que tiene el disco. “La noche eterna”, el primer tema, dura más de siete minutos, y no sólo eso, sino que además tiene un ritmo a modo de montaña rusa que la hace comenzar muy pausadamente, reflexiva, intimista, hasta que poco a poco se eleva en su dinamismo, incrementa en su potencia, y vuelve a bajar su intensidad hasta apagarse poco a poco.
A partir de este momento se suceden canciones que a buen seguro se sumarán a clásicos del grupo como “Houston, tenemos un poema”, “Algunas plantas”, o “Club de fans de John Boy”, por citar algunos ejemplos. Me refiero a “Los seres únicos”, acertadísimo adelanto del disco que sirvió para demostrar que la línea de este nuevo trabajo era fiel a LOL, y “Si tu me dices Ben, yo digo Affleck”, probablemente el corte más bailable de todo el disco y que a buen seguro formará parte del repertorio, si no lo hace ya, de los dj’s del indie patrio, una canción que, sin llegar al histrionismo de La Casa Azul, sí que recuerda al pop desmesurado y desenfadado de Guille Milkyway.
Por su parte, “Pizzigatos” es otro ejemplo de la típica canción del grupo construida en base a un personaje alrededor del cual contar una historia. Para esta ocasión han elegido lo que parece ser un gato y cuya metáfora puede extrapolarse al típico individuo de la noche que se deja llevar por los instintos más mezquinos para volver rápidamente al redil, con las consecuencias que eso puede tener para sus seres queridos. En este caso hablamos de “Bala”, pero en 1999 teníamos al “Amante Guisante” o al “Electroplasta”. Nuevo fichaje. Del mismo modo, La noche eterna. Los días no vividos también esconde temas más macarras y gamberros, como “667”, una verdadera locura en la que dan buena muestra del desfase y la chulería con la que muchas veces se comporta la banda, pero que tan bien se les da. Además, juegan con esa ambigüedad que funciona estupendamente para determinadas canciones, y esta es una de ellas.
También es cierto que la calidad del disco se resiente ligeramente hacia la segunda mitad, la correspondiente a Los días no vividos, si bien es lógico porque en la estructura global del disco subyace el mensaje de que la primera parte está dedicada a la fiesta y al desenfreno propia del final del día, mientras que la segunda parte es más intimista y reflexiva. Pero ese descenso es muy ligero, más bien podría ser una cuestión de gustos personales o depender del estado de ánimo con el que uno se enfrente al disco. Lo que está claro es que el tema que cierra este doble trabajo, “Los toros en la Wii (Fantástico)” se encuentra, posiblemente, entre las tres mejores canciones de la historia del grupo. Es sencillamente redonda, variada, divertida, contundente, significativa, absurda, surrealista, compleja, cualquier adjetivo es válido. Es como su propio nombre indica, fantástica. Personalmente, no se me ocurre un mejor broche final para este disco ni para cualquier concierto de los que con motivo de este trabajo ofrezcan. Simplemente imprescindible.
En conclusión, LOL ha vuelto ha demostrar que si se invierte tiempo en hacer un disco puede salir un trabajo de diez. Frente a grupos que cada año, casi por imperativo, lanzan temas nuevos, a estos chicos no les ha importado dedicar varios años a perfilar un largo que les ha salido genial. Junto a Fue eléctrico, de La Habitación Roja, el mejor disco del año, de largo. Y un apunte final, ojalá las noches fueran eternas para no dejar de escuchar canciones como las de este trabajo, de lo contrario, el no conocer a LOL, sí que serían días no vividos.











